Por: Iván Mejía Álvarez

‘Just do it’

Y un día la magia se esfumó. Tal vez fue en aquella dramática final parisina de la Champions, cuando el Barça doblegó al Arsenal y conquistó su segunda Copa Europea.

Después, nada estuvo bien, nada volvió a ser igual, como si en la ‘orejona’ se hubieran quedado todos  lo secretos de quien fue, de lejos, el mejor jugador del mundo durante tres o cuatro años. Terminada la Champions, llegó el mundial y allí empezó la lánguida imagen del “otro Ronaldinho”, el disipado, el que no trabajaba, el que no corría, el que no disfrutaba como antes del juego.

Y como Barcelona históricamente es así, se aniquila a sí mismo, consume en su voraz  apetito autodestructor todos sus mitos y sus héroes, como ya lo hizo con Samitier, Kubala, Suárez, Cruyff, Romario, Ronaldo, Maradona, un día Cataluña pareció enterarse de golpe y porrazo que el ídolo, que Ronnie, como le decían en todas las esquinas, en todos los bares, el de la sonrisa elocuente, el de la mirada feliz, no era disciplinado y que salía de noche, tocaba y bailaba samba, bebía y tenía amigos y amigas, entrenaba mal y ganaba gramos y después kilos en su masa muscular. Cuando se fueron los goles y los títulos, llegaron las acusaciones de “mala vida”. Así fue siempre con todos, con sus grandes ídolos, la afición culé.

Y todos quedaron contentos. Ronaldinho se fue al Milan, que era el destino elegido para intentar volver a ser, donde están grandes jugadores que le pueden ayudar a “tirar del carro”, a sabiendas que solo no tenía forma de mover al Manchester City, el otro pretendiente que ofertaba mejores condiciones económicas pero menos retos deportivos. También quedó feliz el Barça que se desembarazó de un grave problema interno y rescató unos buenos euros, menos de los que hubiera podido conseguir hace tres años.

Y el más contento de todos fue el patrocinador. Nike demostró que sigue siendo la multinacional deportiva más poderosa del mundo y ubicó a una de sus máximas estrellas vendedoras en un club donde el mercadeo funciona. Es más fácil vender la camiseta rojinegra del elenco milanista que la del City. Lo único que Nike y sus poderosos tentáculos del marketing y la publicidad no pueden asegurar es que volverá la magia. Esa depende única y exclusivamente de Dinho, quien no sólo tendrá que cuidarse, prepararse y entrenarse a fondo —algo que ya no quería hacer en el Barça—, sino demostrar que la elástica, la espaldinha, los tiros libres, las chilenas, la fantasía de su juego, sus regates y velocidad todavía existen..

Ronaldinho, ¡just do it! Hazlo Ronaldinho.

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