Por: Luis Felipe Henao

Justicia cinematográfica

Para el célebre jurista italiano Luigi Ferrajoli, el derecho penal en un Estado democrático es el conjunto de garantías que limitan el poder punitivo. Por eso la decisión judicial “debe surgir del debate de las pruebas en un escenario en el cual se observen reglas y procedimientos que disciplinan su comprobación y que imprimen a ambas un carácter autorizado y legítimo”, y no de un juicio cinematográfico orientado a que las masas tomen una decisión.

La infracción de estas normas genera un peligroso populismo punitivo en el cual, más allá de cualquier regla, se manda a la hoguera a las personas para que sean quemadas o absueltas ante el calor de las masas. En la actualidad, la mediatización de la justicia nos hace caer en esa última fase en la que antes de cualquier decisión los jueces tienen la presión de millones de personas que ya han tomado una decisión en un juicio paralelo.

Como todos los procesos, los juicios paralelos requieren de pruebas. El problema es que cuando estas se filtran nadie verifica su legitimidad ni integridad, sino que simplemente se asume la interpretación de quien las revela a la opinión pública. En el juicio del expresidente Álvaro Uribe hemos visto cómo se han revelado decenas de extractos de grabaciones, sin que todavía se haya verificado su autenticidad ni su integridad, sino que simplemente se está sujeto a la subjetividad de quien las divulga. Sin embargo, en este juicio cinematográfico ya millones de personas han emitido su veredicto de culpabilidad o inocencia antes de que la Corte Suprema de Justicia haya tomado cualquier decisión.

Los juicios paralelos también exigen alegatos; sin embargo, como lo que buscan es convencer a las masas y no al juez calificado, se da preferencia a los discursos veintejulieros por encima del análisis de las pruebas. Para poner solo un ejemplo, esta semana, en la audiencia de legalización de captura de la hija de Aída Merlano, el fiscal pronunció la siguiente perla: “Cuando uno observa estas películas o series de una fuga, son situaciones que se planean con mucha anterioridad”. Esa mujer puede ser inocente o culpable, pero a ninguna persona en Colombia se le puede privar de la libertad por lo que muestran las películas de Hollywood.

Estos juicios también exigen decisiones. El problema es que primero se ambientan para que los jueces tengan una presión sobre sus hombros tan grande que no les quede más opción que tomar la decisión exigida airadamente por las masas. La Corte Suprema de Justicia tiene en este momento una presión gigantesca de millones de personas que, gracias a las filtraciones, ya han tomado un veredicto en el caso de Uribe. La Fiscalía también tuvo la presión de millones de personas que airadamente le exigían tomar decisiones por la fuga de Aída Merlano contra su hija, en cuya respuesta realizó un operativo de captura desproporcionado como si se tratara de la líder de un cartel de la droga. Para completar, según la jueza de control de garantías del caso, la Fiscalía tocó las puertas de varios jueces de Paloquemao para ver cuál avalaba la orden de captura, como si la justicia fuera una plaza de mercado.

La justicia no debe caer en la trampa del populismo. Cicerón ya decía en sus tiempos: “La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma”, y los ciudadanos queremos aceptarla por su legitimidad y no por la popularidad de sus decisiones.

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2019-10-10T00:00:48-05:00

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