Por: Hernán González Rodríguez

Justificaciones de la revaluación

Terminan su tarea de gobierno el presidente Álvaro Uribe y su ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, con un balance económico positivo en casi todos los aspectos, pero negativo en unos pocos temas clave, tales como son la tasa de cambio revaluada, el creciente desempleo y la seguridad social generalizada y con estándares elevados.

En declaraciones recientes, el ministro Zuluaga ha dado a entender que su estrategia y la de la Junta Directiva del Emisor frente al peso revaluado, ha consistido en contribuir a reducirles a los empresarios sus costos de producción por medio de la importación de insumos con dólares baratos. Señala Zuluaga que dichas reducciones se relacionan con las mejores vías de transporte, con la mayor seguridad, con la financiación a bajas tasas de interés y con algunas otras ayudas. Analicemos tal estrategia.

En opinión de algunos empresarios consultados, la tasa de cambio competitiva de Colombia debería ser hoy de unos 2.400 pesos por dólar. A los cerca de 1.800 pesos, a los que nos hemos desplomado también hoy, se reconoce una revaluación del peso del 25%.  Esto implica que por cada 100 pesos exportados se pierden 25 pesos. Y si el exportador vende los mismos productos que exporta en el mercado nacional, seguramente deberá reducir sus precios de venta locales en los mismos 25 para poder competir con los productos importados.

Quien haya laborado en una empresa sabe muy bien que los ahorros máximos posibles en los costos y gastos en materias primas importadas,  transportes y demás ahorros que el Gobierno acredita propiciarles a las empresas, difícilmente superan el 20% del precio de exportación o de venta doméstico. Porque de este hipotético 20% se debe descontar, restar no menos de un 10% que con candidez olvida el ministro Zuluaga, entre los incrementos de salarios, gastos generales, exorbitantes incrementos en los servicios públicos…

Estos aumentos en los precios domésticos provienen de la inflación que en alguna medida causan los desajustes fiscales del propio Gobierno, los cuales ajusta tomando dólares prestados para venderlos en el mercado, revaluar el peso y atizar el desempleo.  Recordemos que con los pesos de estas deudas se financian, por ejemplo, unos servicios de salud con pretensiones de país rico.

Cuando se compara el crecimiento anual del PIB de Colombia con el del Perú, nuestro modesto 4% con el 7% y más de ellos, no resulta difícil concluir que ellos han acertado en mantener una tasa de cambio competitiva, es decir, ligeramente devaluada, o sea, un dólar caro para incentivar sus exportaciones y proteger la producción doméstica. Consideran algunos que la semidolarización de la economía peruana emerge como el gran acierto de ellos para neutralizar los dólares de su narcotráfico, también en opiniones autorizadas, dólares más abundantes hoy que los de Colombia.

No me atrevo a recomendar el modelo peruano para Colombia, porque existen otras soluciones ya probadas por acá con éxito.  Pero sí me atrevo a afirmar que el fracaso de nuestras autoridades monetarias en la administración de nuestra tasa de cambio, con todo y su engreído dogmatismo, ha radicado en ignorar la presencia de dichos dineros en nuestra frágil economía.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán González Rodríguez