Por: D. Buenavida

Kapress Gourmet

Empecemos con el nombre "Kapress Gourmet". Hasta donde yo sé, los restaurantes no son gourmet, que es un término francés aplicado a una persona que tiene gusto por la comida de alta gastronomía.

Ofrecen “comida mediterránea”, o sea una culinaria de las costas del Mediterráneo que se caracteriza por sus ingredientes comunes a estas costas: aceite de oliva, pescados frescos y mariscos, pimentones, tomate, berenjena. Condimentar con deliciosa hierbas. El pan es parte importante de la comida y las pastas en Italia. Nada de esto se percibía en el restaurante de “comida mediterránea”. La sensación es que ni los dueños ni el chef tienen idea de lo que es.

La carta estaba compuesta por trece entradas con el de moda carpaccio de salmón, suflé de vegetales. Cinco sopas muy criollas. El minestrón clasifica como mediterránea. Cinco ensaladas. Nueve carnes. No hay escalopes de ternera, tan comunes en la comida italiana. Hay tres pescados, cuatro pollos, seis pastas y risotto. Me llamó la atención un risotto con chorizo y frijol. Cinco postres. Entrada, plato fuerte y postre $54.000 sin incluir el vino.

Empezamos con “Ensalada de otoño”, compuesta de lechugas mixtas acompañadas de frutos del bosque, pera, uvas y nueces (hasta donde conozco, las uvas y las peras no son frutas silvestres del bosque, pero aquí parece que la onda es copiar cualquier cosa que han oído sobre restaurantes, cierta o no) con vinagre de manzana y zumo de pera. Apenas aceptable. Espárragos al vapor con mayonesa y picante. La salsa era una mayonesa sin mayor trascendencia. Los prefiero con salsa holandesa como se acostumbra. “Antipasto pistiu”: vegetales a la parrilla marinados en vino blanco, con prosciutto y tajadas de res. Cebollas fritas, calabacines, chorizo español, albahaca frita que le iba bien. Estaba frío y lo hubiera preferido caliente (antipasto caldo). Lomo de cerdo a la parrilla con orzo (pasta del tamaño de granos de arroz) con cebollita ocañera caramelizada. Las cebollitas caramelizadas estaban buenas, pero el cerdo estaba seco y duro, difícil de comer. “Róbalo menier”: el pescado desabrido, sin pena ni gloria. Seguimos con “Pollo balsámico”: tres muslos de pollo con crema de leche y vinagre balsámico, acompañados de orzo. El vinagre balsámico para el pretendido toque mediterráneo fue estropeado con la sosa crema de leche. El postre fue “Torta de queso y cereza”, nada inspirador.

En definitiva no fue una experiencia gastronómica que valiera la pena. Es lamentable que definan el “concepto” o la cocina de un restaurante con afirmaciones a la ligera.

Calle 69A Nº [email protected]

 

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