Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Kenia: conservación y transformación

Después de descender del monte Kilimanjaro en Tanzania (5.896 msnm), visité la Reserva Natural de Masai Mara (RN) en Kenia, donde se pueden observar, entre muchos otros, los famosos cinco grandes de la fauna africana: el león, el leopardo, el rinoceronte, el búfalo y el elefante.

En sus cercanías visité a una comunidad masai y escuché sus reflexiones respecto a los efectos de la existencia de la RN. Según su propia expresión, lo negativo es que hoy no pueden pastorear sus vacas y ovejas en esta parte de la sabana. Su ganado entra en conflicto con la fauna silvestre, compite por el pasto y son presa para tigres y leones. Lo positivo es que la conservación de la fauna silvestre hace que hoy los masai reciban, por la tarifa de ingreso a la RN, mucho más de lo que recibirían por su uso directo en ganadería. Algunos masai consideran que la existencia de la RN ha tenido un efecto positivo. Otros, que ha tenido impactos culturales no deseados y que los recursos financieros son malgastados por sus líderes. El debate está abierto.

El precio de ingreso a la RN para los kenianos es US$5 por día y US$80 para los extranjeros. Cerca de 250 mil personas ingresan al área anualmente, de las cuales el 80% son extranjeros. La comunidad masai local recibe el 20% de lo recaudado por los ingresos al área conservada, recursos que deben ser invertidos en educación, salud, infraestructura y apoyo a la operación de su estructura de gobierno. Un 30% va para lo que en Colombia equivaldría a la administración regional, un gobierno que debe representar los intereses masai, y el 50% restante es para la administración y conservación del área protegida. Doscientas personas (la mayoría masais) administran un área de 1.510 km². Además, algunos trabajos asociados a los safaris se realizan con personal local. De hecho, quien me llevó a visitar la RN era un masai propietario de un viejo Toyota. También hay lugares de hospedaje y servicio de safari que pagan alquiler a los masai y que no tienen mayor relación con los locales.

Reflexiones y aprendizajes. En Kenia no hay monopolio respecto al ofrecimiento de alojamiento en las reservas naturales. Según una capacidad de carga que debe permitir la conservación del ecosistema, concurren y se instalan dentro y fuera de las áreas en conservación múltiples negocios que ofrecen servicios de calidad y precios muy distintos. La participación de las comunidades en los ingresos generados por la entrada a las RN es una condición necesaria para compensar a los locales, y sus condiciones de vida son mejores que en lugares donde no hay RN. Sin embargo, el uso de estos recursos genera controversia, por corrupción administrativa y por el impacto sobre formas tradicionales de uso del territorio. Otro aspecto interesante es que en Kenia el valor del ingreso a un área protegida cambia sustancialmente según el potencial turístico del área y el origen del visitante.

La gran pregunta es cómo armonizar las prácticas ancestrales con la modernidad, que irremediablemente invade los espacios tradicionales. A cientos de kilómetros de la RN, cerca de Nairobi, los masai han solicitado títulos de propiedad individual y no colectivo. Estas adjudicaciones destruyen su tradición y muchas tierras han pasado a manos de extranjeros. La tensión entre lo tradicional, la modernidad y la conservación se siente, y no hay una fórmula mágica para resolver este asunto.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Legislación ambiental, no referente ético

Ambiente medio para un clima caliente

El clima alerta a Estados Unidos

Cuencas, aguas y Plan de Desarrollo

Reformando las CAR