Por: Klaus Ziegler

Kurt Waldheim, mensajero de paz

A comienzos de este mes, y después de navegar durante 32 años, la sonda espacial Voyager 1 alcanzó los confines del Sistema Solar para entrar en la Heliopausa, esa vasta y gélida región en los umbrales del espacio interestelar desde la cual nuestro sol apenas se percibe como un punto brillante entre los millones de estrellas de la Vía Láctea.

Sobrepasado el umbral, la sonda continuará su dilatado viaje hacia la estrella más próxima, en la constelación del Centauro, cuyas cercanías estará alcanzando dentro de 745 siglos. Para ese entonces sus generadores de radioisótopos llevarán milenios sin funcionar, y esta maravillosa creación de la inteligencia humana se perderá para siempre en el abismo insondable del cosmos.

La sonda lleva un mensaje romántico para un destinatario imposible, Los sonidos de la Tierra, inscrito en un disco de oro, que consiste en una miscelánea de muestras representativas de la cultura humana, que van desde los conciertos de Brandenburgo, hasta cantos de niños y de ballenas, así como saludos grabados en 55 idiomas. También lleva fotografías de nuestro planeta e imágenes de la anatomía humana y del ADN.

Pero el disco carga además una grabación que dice mucho más de los seres humanos que sus cientos de imágenes y canciones. Es un mensaje de paz de parte del entonces secretario general de la Naciones Unidas, Kurt Waldheim, un ex oficial de la Wehrmacht que prestó sus servicios en el Frente Ruso durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes de desempeñarse como secretario general, Waldheim era ya un reconocido antisemita. Se sabía, por ejemplo, que durante la guerra, este sórdido personaje aprobó que se repartieran panfletos que llevaban el eslogan “Suficiente con la guerra judía, maten a los judíos y únanse a nosotros”. De acuerdo con algunos investigadores, entre los que se encuentra Simon Wiesenthal, su nombre aparece en la “lista de honor” de aquellos militares responsables de la organización de los campos de concentración de Jasenovac, en Yugoslavia.

Waldheim fue declarado persona no grata por el gobierno americano, mientras que Juan Pablo II, fiel a la tradición vaticana de Pío XII, al que algunos apodan el Papa de Hitler, lo condecoró Caballero de la Orden de Pío IX por sus “contribuciones a la paz mundial”.

Detrás del canto armonioso de niños y ballenas, Los sonidos de la Tierra esconde una realidad atroz, y el sumun de todas las ironías: la realidad de una especie que condecora a sus peores criminales y les erige mausoleos para la posteridad. Y la ironía de escoger como emisario universal de paz a un ex oficial nazi sospechoso de participar en crímenes de lesa humanidad.

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