Por: María Antonieta Solórzano

La aburrición, ¿puerta de la pasión?

Todos hemos sentido la inmensa alegría y vitalidad que nos inunda cuando nuestra vida toca la pasión.

También sabemos que la desazón interior nos invade cuando el aburrimiento nos alcanza. Podemos afirmar que, como la noche sigue al día y la conciencia de ser mortales nos da sentido, también la conciencia de la apatía ilumina el goce y el aburrimiento anuncia la aurora de la pasión.

Paradójicamente, atravesar los caminos que dotan de sentido nuestra existencia nos obliga a un ejercicio reflexivo que comienza con notar nuevas maneras de experimentar el mundo y desencadenar la tenacidad suficiente para mantenernos en esa búsqueda y que termina por cultivar la paciencia que nos conduce a amar la oscuridad o la claridad de cada momento.

Y es que atrevernos a la pasión nos pide coraje para enfrentar la intensidad de la exaltación, y aventurarnos al aburrimiento nos exige fortaleza para soportar el tedio. Por esto resulta explicable que, a punto de encontrarnos con esos estados, el miedo nos embargue.

Una ejecutiva de mediana edad había logrado, por mérito propio, todo lo que en nuestro medio calificamos como “éxito”, pero se encontró envuelta en una aventura extramatrimonial que la hacía sentirse viva. Pensaba que su matrimonio era aburrido.

Sin embargo, se atrevió a sumergirse en esa desazón. Consciente y pacientemente abrió la puerta hacia una vida artística y espiritual, abandonó el “éxito” y reavivó su matrimonio.

Desde nuestros aprendizajes culturales estamos programados a evitar los extremos, los consideramos peligrosos. Creemos que la pasión nos puede llevar al desenfreno, entonces lo razonable parece ser ese estado en el cual no haya nada que nos apasione tanto como para que renunciemos al confort.

También suponemos que el aburrimiento nos puede llevar hacia la muerte, entonces lo ideal es mantenernos distraídos y ocupados para evitar preguntarnos por nosotros mismos y el sentido de la vida.

O, mas grave aún, abandonar nuestras definiciones seguras y predecibles acerca de quiénes somos y qué hacemos en este mundo y de repente encontrarnos con la verdadera misión y redirigir nuestra vida hacia nuevas metas y experiencias.

El alma requiere la pasión; al mundo convencional le gusta la mesura. La inevitable aburrición anuncia que hay mundo donde el ser humano es capaz de la entrega apasionada al amor y la generosidad.

 

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