Por: Salomón Kalmanovitz

La actualización del catastro de Bogotá

LA BASE TRIBUTARIA FUNDAMENtal y progresiva de toda ciudad es el impuesto predial. Los bogotanos creen que pagan altos impuestos a la propiedad, pero no es el caso.

Las tarifas van de 3 a 8 por mil para estratos 3 a 6, pero los lotes de engorde deben pagar el 3,3%. La ciudad de Nueva York, por comparación, tasa al 13,5% del valor comercial de la propiedad. Para agravar la penuria de la capital colombiana, el catastro se encuentra muy lejano de los valores comerciales adquiridos por la finca raíz durante los últimos 15 años.

Bogotá desarrolló una cultura tributaria con las administraciones de Castro, Mockus y Peñalosa que comienza a deteriorarse. La administración Garzón intentó acercar el catastro de cientos de miles de predios de la ciudad pero cometió serios errores en la contratación y ejecución de la tarea que lo llevaron a retirar los resultados cuando cundieron las protestas de la ciudadanía.

La alcaldía de Moreno Rojas trata de contrarrestar la caída de la base tributaria de la ciudad y emprendió una revisión de 880.000 predios, apoyándose en un equipo técnico de alta calidad. Éste empleó las modernas tecnologías informáticas de localización geográfica para verificar los valores predio por predio en tiempo real y utilizó modelos econométricos espaciales, diseñados por la Universidad de Arizona. El Concejo de la ciudad aprobó unos topes para que los valores ajustados no afectaran negativamente a los propietarios.

Los ajustes fueron del orden del 70% del precio de mercado de las viviendas y 65% de los comercios, y de 90% para los lotes de engorde. La razón para castigar a los últimos es que obstaculizan la intensificación del uso del perímetro urbano y obligan a extender servicios públicos hacia las periferias de la ciudad. No contribuyen pero sí ocasionan mayores gastos a quienes sí contribuimos.

El mayor rezago del catastro lo presentaban los centros comerciales: Unicentro y el Centro Andino, por ejemplo, pagan un predial sobre el 20% del valor comercial de los locales, el nuevo Gran Estación paga sobre el 50% y sólo el Santafé paga lo que le corresponde (65%). Hay ciertas cadenas de almacenes que pagan menos de la carga justa para financiar los servicios y las inversiones de la ciudad que les han permitido prosperar. Estas empresas han descontado los impuestos de sus costos por muchos años; cuando tienen que enfrentar el hecho de que sus locales aumentaron su valor de acuerdo con la inflación, pero además por la rentabilidad que producen, no están dispuestos a cumplirle a la ciudad. Se trata de evadir responsabilidades. Hay una frase de Jean Paul Sartre en su obra de teatro Sin salida que dice “el infierno son los otros”. Los evasores piensan que “los impuestos son los otros”.

Los sectores más rezagados, especialmente algunos dueños de locales comerciales y de cadenas, se aprestan a dar la batalla política desde el Gobierno Central y con todos los aliados que consigan a nivel local para dar al traste con este nuevo intento de dotar a Bogotá de una base tributaria estable y justa.

A pesar de que tengo serias críticas a la gestión de Samuel Moreno, me declaro defensor de la cultura tributaria que venía desarrollando la ciudad. Quisiera verla avanzar, sin importar el color político de quien la gobierne. Espero que los ciudadanos conscientes de Bogotá también lo hagan.

* Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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