Por: Beatriz Vanegas Athías

La agenda del miedo

Ahora que se habla sin tapujos del terrorismo de esa derecha mafiosa que gobierna Colombia, el Gobierno de Iván Duque, presidente experto en obedecer la agenda del Centro Democrático, brinda lo único que tiene para dar a los ciudadanos: miedo y represión. Así como la presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Áñez, ha firmado un decreto que exime de toda responsabilidad penal al personal de las Fuerzas Armadas del país. En Colombia, el senador Álvaro Uribe, en plenas funciones presidenciales, leyó “un comunicado de una paginita sobre el anunciado paro del 21 de noviembre”. Superados los cocos creados por ese partido para deslegitimar el plebiscito, la posibilidad de gobernar de alternativas distintas a las de hace 200 años, el doble discurso para no aprobar la consulta anticorrupción —como el rayo homosexualizador, el castrochavismo, las pensiones millonarias para excombatientes de las Farc—, llega ahora el “anarquismo internacional” con el patrocinio del Foro de São Paulo.

Sin embargo, los tiempos están cambiando al mejor estilo de una montaña rusa. Latinoamérica poco a poco entiende que el capitalismo con sus argumentos neoliberales está acabando con la humanidad con el mismo fragor de una guerra declarada. Pero insisten los gobiernos como el de Duque, y ante el avasallante paso del ejercicio de la ciudadanía, él, siguiendo la agenda de su partido, condena la protesta social y respalda el llamado de su jefe Álvaro Uribe a judicializar a los marchantes y estigmatizarlos como seguidores del tal Foro de São Paulo que —en buena hora— ha sido objeto de chistes, memes y apuntes, minimizando con humor el tono malévolo y trascendente de Uribe que no conoce la risa.

Pero han creado un clima de contienda electoral, como si los motivos de la marcha programada para el 21 de noviembre interesaran sólo a la mitad del país. Como si la masacre de indígenas, negros, líderes sociales, niños; como si la pauperización del salario mínimo y la inhumana reforma a las pensiones al modo salvaje e insensible del ministro Carrasquilla; como si la transformación de la salud y la educación en un negocio no interesaran al 90% de los colombianos.

Es esta marcha —y las que sean necesarias— una cuestión que tiene como objetivo hacer valer el derecho a vivir con dignidad y es también el derecho a exigir a los gobernantes que elegimos que cumplan con la Constitución y no se conviertan en los enemigos de quienes les dimos el trabajo y la desmesurada vida llena de privilegios que ostentan.

Coletilla. A marchar cantando, bailando, en grupo. Protejámonos, no vayamos solos a la marcha. En el gobierno de Iván Duque todos —menos su círculo íntimo— estamos en peligro.

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