La apuesta cicatera de Carrasquilla: ¿prudente o temeraria?

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Colombia está haciendo uno de los salvamentos fiscales más austeros. Cerca de cinco veces más bajo que Perú, la mitad de Chile y Uruguay. Las deudas “hay que pagarlas”, dice el ministro de Hacienda parafraseando a Margaret Thatcher.

Países ricos como Alemania, Reino Unido o Estados Unidos están gastando proporcionalmente seis, siete o hasta diez veces más. Obviamente los efectos del endeudamiento son distintos en las grandes economías y en las emergentes. Perú y Chile tienen una situación fiscal y de reservas mejor, lo que les da más margen. Países con menor margen como Brasil y México tienen también paquetes de salvamento más austeros. Aunque la deuda brasileña representa 75 % del PIB, mientras la colombiana es de alrededor del 50 %.

La prudencia fiscal se debe al temor al castigo de las calificadoras de riesgo, que pueden quitar el grado de inversión y precipitar la salida de los inversionistas de portafolio, y con ello, devaluación, inflación y encarecimiento de la deuda. Pero no se sabe cómo van a reaccionar las calificadoras ante el desbordamiento del endeudamiento de casi todos los países. Aunque salieron corriendo a recortar calificaciones por temor a que las acusaran de laxas, como en la crisis de 2008, no les va a quedar fácil discriminar mucho cuando economías como Japón, Reino Unido e Italia tienen deudas cercanas o superiores al 100 % del PIB.

No se sabe si los paquetes de ayuda abundantes, como los de Alemania o Perú, van a ser mucho más efectivos en reducir la quiebra de sus economías y en generar una recuperación más acelerada. Y si los gobiernos más austeros al inyectar liquidez a sus economías terminen permitiendo un daño económico tan profundo que las economías no reboten, sino que tengan recuperaciones muy lentas y dolorosas. Si la recuperación económica es muy lenta, se golpean muy drásticamente los ingresos tributarios y se terminan generando desequilibrios fiscales iguales o peores que si se hubiera gastado lo suficiente durante la pandemia, las calificadoras pueden terminar discriminando más a unos países, ya no por el tamaño de la deuda sino por la capacidad de pagarla.

No está claro si la apuesta fiscal de Carrasquilla es prudente o temeraria. Más tarde las calificadoras pueden llegar a ser más duras con los países cuyos gobiernos ortodoxos, por exceso de celo fiscal, terminaron sembrando las semillas de crisis sociales profundas que lleven a inestabilidad política y a reformas populistas. Colombia combina unos problemas que la hacen muy susceptible a caer en una situación social difícil si no maneja bien esta crisis. Uno de los niveles de desempleo más altos de la región puede duplicarse; a unas protestas sociales fuertes anteriores a la pandemia pueden sumarse muchos sectores nuevos empobrecidos y resentidos con un tratamiento desigual; la dependencia fiscal en el petróleo, la caída en picada de las remesas y el turismo, la débil gobernabilidad y la influencia latente del populismo suman un coctel de vulnerabilidades muy delicado.

A diferencia de otros países, no se están discutiendo a fondo las medidas económicas. Por no aplicar bien la cartilla keynesiana, sino la Carrasquilla, podemos quedar con el pecado y sin el género.

 

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