Por: Columnista invitado

La asamblea del COC

Comienza un nuevo periodo para el Comité Olímpico Colombiano, que nos conducirá hacia la meta final de los Juegos Olímpicos Río 2016, a través de varias etapas establecidas en los certámenes sectoriales que conforman el nuevo ciclo olímpico 2013-2016.

La asamblea general ordinaria del COC se pronunció y en uso de su autoridad y soberanía eligió al equipo que dirigirá nuestro destino en los próximos cuatro años, de entre un selecto grupo de candidatos propuestos por las federaciones deportivas nacionales y escogidos por sus delegados.

Concluida la asamblea es inevitable que haya vencedores y vencidos, desde el punto de vista de los resultados, pero no de la aplicación de los conceptos de la democracia, que permite depositar la confianza y los intereses de todos en los elegidos para regir los nuevos destinos.

Por eso, quienes resultamos favorecidos con el voto de los delegados somos sus representantes y nos debemos a los electores, como ocurre en toda democracia.

Es cierto que antes de la asamblea se generaron enfrentamientos que crearon un ambiente tenso y desagradable, alrededor de las diversas aspiraciones, así como de fuertes influencias externas ejercidas, que rechazamos por inconvenientes.

Hoy, una vez silenciados los tambores de esa supuesta batalla, todos debemos ondear una sola bandera, la amarilla, azul y roja de la unidad nacional, que con tanto esfuerzo y sacrificio enarbolan nuestros atletas en los diferentes escenarios a los que saltan plenos de orgullo nacionalista y de ganas de vencer.

Este es un momento para demostrar la grandeza de la dirigencia olímpica de Colombia, es un instante para asumir actitudes nobles que permitan continuar adelante con los objetivos que nos hemos trazado, sin miramientos a nada diferente a ese interés por los atletas y nuestras organizaciones, y sólo por ellos.

No dejar atrás las diferencias, que no son de fondo, sino de forma; no cerrar este capítulo para abrir el del compromiso frente a los desafíos que se nos presentan en el nuevo cuatrienio; no seguir creando lo que en conjunto hemos construido en los últimos años, y seguir empeñados en disputas por el efímero poder, es demostrar que somos inferiores a nuestros atletas.

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