Por: Hugo Sabogal

La ascensión portuguesa

La semana pasada, cuando la selección portuguesa aseguraba su paso al Mundial de Fútbol Brasil 2014, Bogotá vivía, simultáneamente, otro momento de ascenso lusitano en campos bien diferentes: el de los vinos y la gastronomía.

Por segunda vez consecutiva este año, el embajador João Ribeiro de Almeida, y su segundo a bordo, Miguel Ferreira Crespo, empezaron por sentar a la mesa a diez líderes de opinión, entre quienes estaban importadores, ‘sommeliers’, enólogos, directores de medios y periodistas.

Con su simpatía y conocimiento de la historia y la cultura de su país, De Almeida y Ferreira hicieron gala de una gran preparación cultural e intelectual y guiaron a sus invitados por la fascinante geografía portuguesa, vía sus propios sentidos. El encuentro fue una antesala a la feria de vinos, quesos y aceites de oliva del país europeo, desarrollada dos días después en la residencia diplomática. Allí, cerca de 20 importadores y comercializadores de vinos le mostraron a más de 250 invitados los encantos de una serie de etiquetas que siempre han cautivado al mundo.

Ante la pregunta de que resultaba poco usual ver este nivel de compromiso de una representación diplomática en áreas como el vino y la gastronomía, De Almeida respondió: “Para Portugal la promoción de estas maravillas es una política de Estado”. Y bien que así sea, pues el mismo Estado portugués, en tiempos de la más prolongada dictadura militar que se conozca —años 30 y 60—, fue responsable de menoscabar una tradición cultural de milenios. Mediante un mal ejecutado programa de cooperativas, los militares desencadenaron una peligrosa decadencia en el campo, generando un rezago del que dicha nación apenas se está recuperando.

Igual que Francia, Italia, Grecia y España, Portugal ha elaborado vinos, aceites de oliva y quesos desde hace más de tres mil años, cuando los fenicios arribaron por el sur. Posteriormente, los romanos expandieron estas actividades por el norte, en su ruta de penetración hacia Francia. El mayor impulso de los vinos portugueses se vivió en la Edad Media, cuando las tensas relaciones entre Francia y Gran Bretaña obligaron a los comerciantes ingleses a buscar en Portugal una fuente alterna de abastecimiento, dando origen al Oporto y al Madeira, dos estilos aún vigentes.

Durante siglos, el Oporto opacó al resto de los vinos lusitanos e, incluso hoy, sigue haciéndolo. Pero a partir de los años cuarenta comenzaron a surgir otras novedades. Un proyecto que mostró nuevos horizontes fue el vino rosado Mateus, creado por el empresario Fernando van Zeller Guedes, cuyos descendientes —hoy dirigidos por la cuarta generación— desarrollaron la empresa Sogrape, la mayor firma vitivinícola portuguesa, con intereses en España (Bodegas LAN), Chile (Château Los Boldos), Argentina (Bodega Finca Flichman) y Nueva Zelanda (Framingham Wines). Y aunque Sogrape elabora en la actualidad excelentes vinos en regiones clásicas y nuevas como Duoro, Dão, Vinho Verde, Alentejo, entre otras, el Mateus sigue siendo su caballo de batalla.

Sin duda, la visión renovadora de Sogrape ayudó a crear las condiciones para que otros productores se modernizaran. En su renacer, estos viñateros prefirieron realzar su propio e inmenso abanico de cepas, entre las cuales destacan Alvarinho, Verdelho, Loureiro, Galego Dourado, Moscatel Galego y Arinto (blancas), y y Aragonez, Touriga Nacional, Touriga Francesa, Tinta Roriz, Tinta Barroca, Baga y Trincadeira (tintas).

Un nuevo aire viene ahora por cuenta de un grupo de jóvenes enólogos y bodegueros del Duoro, quienes operan bajo el mote de los Douro Boys. Salen juntos a promover la región y sus bodegas, como Quinta do Vale Meão, Quinta do Crasto, Quinta do Vallado, Niepoort, Quinta do Vale Dona Maria y Dorli Muhr. Nunca están los grandes vinos de Oporto como Fonseca, Ferreira, Quinta do Crasto, Quinto do Valle Meão, Quinta do Vallado, Nieport, Dow’s, Ramos Pinto y D & J Graham’s, en la mayoría de estilos. Casi todas estas etiquetas están en el mercado colombiano y muestran cómo Portugal se ha insertado en nuestra plaza, en parte gracias al apoyo de una delegación diplomática comprometida.

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