La autocomplacencia, ¿otra epidemia?

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La autocomplacencia es una condición que caracteriza a muchos funcionarios, servidores públicos y personas que detentan posiciones de poder. Esto explica por qué se niegan a reconocer sus errores y a asumir responsabilidades. En ocasiones esto obedece a los consejos que les dan sus asesores de imagen, sus copartidarios o sus jefes políticos, y en otras, a su arrogancia, vanidad o debilidad.

La autocomplacencia, por supuesto, no es exclusiva de este Gobierno. Pero algunos ejemplos recientes pueden ilustrarla. En el marco de la declaratoria de la primera emergencia económica, el presidente Duque determinó que el primer día sin IVA sería el 19 de junio de 2020. En pleno auge del COVID-19 y a pesar de las advertencias y los reclamos de representantes de las asociaciones médicas, de varios mandatarios locales, congresistas y de muchos ciudadanos que no comprendían por qué a la vez se les exigía mantenerse en aislamiento “inteligente”, el Gobierno siguió adelante sin tomar las medidas necesarias para prevenir las multitudinarias aglomeraciones de cientos de personas. En ningún momento el jefe de Estado asumió responsabilidad alguna por la falta de previsión, pero sí exaltó el éxito comercial resultante de las multimillonarias ventas de ese día.

Otro caso es el del fiscal general y el contralor, quienes viajaron a San Andrés en compañía de sus esposas y uno de ellos con su hija y una amiga de esta en un puente festivo, con el argumento de que estaban adelantando unas investigaciones en la isla. Sin embargo, pensaron que por los altos cargos que ocupan podían desconocer algunas de las restricciones impuestas a todos los ciudadanos durante la pandemia, como por ejemplo viajar con personas que nada tienen que ver con el ejercicio de sus cargos. Ante las críticas, estos funcionarios se limitaron a responder con soberbia y con argumentos distractores. Por ejemplo, insinuando que además de ser servidores públicos son padres y por eso tienen derechos que los demás no tienen.

Finalmente, fue necesario que el país conociera sobre la violación de una menor indígena por siete soldados para que el comandante del Ejército confirmara que hay en curso investigaciones que vinculan a 118 integrantes de la institución con casos de presunto abuso sexual desde el 2016. Si hace cuatro años se conocían estos hechos, ¿por qué solo hasta ahora se hacen públicos y por qué la mayoría de estas investigaciones no han arrojado resultados? ¿No lo consideraron necesario, o temieron que la imagen de la institucion se vería —aún más— afectada y que era mejor guardar silencio?

En situaciones de crisis como la que estamos viviendo, la autocomplacencia tiende a generalizarse por los poderes extraordinarios que adquieren los gobernantes, por el debilitamiento de los controles sociales y políticos, y porque la crítica es estigmatizada y calificada de antipatriótica. La rendición de cuentas comienza a verse como dispendiosa e innecesaria. Sin embargo, es precisamente ahora cuando adquiere mayor relevancia. De lo contrario, puede resultar peor el remedio que la enfermedad.

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