Por: María Elvira Samper

La Babel electoral

PASADAS DOS SEMANAS DE LAS ELECciones, y después de las fallas de la Registraduría, subsisten interrogantes sin resolver y queda planteada la necesidad de revisar a fondo el sistema electoral y de introducir cambios que apunten a una mayor organización y fortalecimiento de los partidos.

Las reformas que introdujeron la ley de bancadas y el umbral de 2 por ciento (a partir de 2014 será el 3 por ciento), sirvieron para reducir a 16 el número de partidos y movimientos, que serán aun menos porque varios no lograron el umbral en las pasadas elecciones. Sin embargo, el problema no es tanto la cantidad de organizaciones como la proliferación de candidatos.

Para las parlamentarias se inscribieron 948 aspirantes al Senado en 16 listas; 1.533 a la Cámara en 282 listas; por la circunscripción indígena, cinco para el Senado y 51 para la Cámara, y para el Parlamento Andino, 57 candidatos en 12 listas.

Las listas estaban atiborradas de nombres —la mayoría desconocidos y sin opción, pero con voticos que sumaban— y entre ellos aparecían los de figuras de la farándula y el deporte. Con no poca frecuencia los partidos acuden a ese tipo de personajes para suplir de alguna forma la escasez de políticos con buena imagen, y porque creen que la ventaja que tienen las “estrellas” en materia de popularidad y reconocimiento público puede traducirse en votos. La fórmula produce algunos votos, pero no garantiza curules, y así lo demuestran las quemaduras de tercer grado que sufrieron, entre otros, el comentarista deportivo Javier Hernández Bonnet, la actriz Aura Cristina Geithner y la ex reina Vanessa Mendoza el domingo 14. Pero, además, es un indicativo adicional de la crisis de credibilidad y representatividad de los partidos y de la banalización de la política.

Los electores se vieron enfrentados a una ofensiva propagandística de miles de candidatos con eslóganes insulsos, vacíos de contenido, la mayoría intercambiables: cualquier candidato podría haberlo sido de cualquier partido. Una confusa torre de Babel —o de babas— en medio de ríos de dinero para la compra de votos, de presiones y otras prácticas fraudulentas.

¿Qué hacer? ¿Cómo fortalecer los partidos y debilitar las microempresas electorales personales que funcionan al amparo y con el aval de los mismos? Las fórmulas empiezan por la financiación estatal de partidos y campañas e incluyen ingredientes varios: eliminación de la circunscripción nacional para Senado, que encarece la actividad política y facilita la intervención de las mafias; regreso a las listas cerradas, que devuelven poder al partido para incorporar figuras de opinión y personas con credenciales pero sin trayectoria política, e incluso voto obligatorio por un tiempo prudencial, con sanciones para los que no cumplan —multas, suspensión de beneficios y subsidios oficiales—, que favorece, sobre todo, a partidos independientes y de izquierda.

La discusión está abierta y aunque no parece haber muchas razones para el optimismo porque la corrupción y el clientelismo están muy arraigados, la peor diligencia es la que no se hace y en este sentido hay mucha gente dispuesta a dar la pelea para recuperarle legitimidad a los partidos y a la política. Así sea.

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