Por: Juan Pablo Ruiz Soto

La basura, pésimo negocio

En reacción al artículo de la semana pasada, “Basura somos todos”, varios lectores escribieron diciendo que la basura es muy valiosa y es un gran negocio, que sólo hay que manejarla bien. Pienso distinto: producir y consumir desechables —así su manejo posterior sea óptimo, responsable y honesto— es mal negocio para la sociedad y una suciedad para el planeta.

En términos agregados, la basura no genera bienestar y es una carga social. Cosa distinta es que los desechos tengan valor y sean aprovechables, “del ahogado, el sombrero”. En algunos casos, entes privados, comunitarios o la administración pública disminuyen el costo social al aprovechar razonablemente los desechos.

Así reciclemos el 100 % de los residuos, siempre será más responsable producir menos residuos: tomarnos el refresco en envase retornable, comprar sin empaques o sólo con los mínimos necesarios. Salir de un centro comercial con miles de empaques y talegos desechables e innecesarios muestra falta de cultura ciudadana del fabricante, del comerciante y del consumidor.

De otra parte, no todo manejo de las basuras es un desastre; hay buenas prácticas colombianas que señalan un camino.

La Organización de Recuperadores de Armenia, llamada A Recuperar, está compuesta por 81 recuperadores profesionales de oficio, en una ciudad donde hay cerca de 120 recuperadores. El recuperador asociado trabaja con camisas de la asociación que lo identifican y cada uno tiene asignada una ruta. Van un día específico a recoger lo reciclable que encuentran en una bolsa: vidrio, papel, tetrapack y plásticos. Clasifican el material para entregarlo por separado a un depósito y obtienen aproximadamente $35.000 al día.

La empresa Gestión Ambiental, organizadora del proceso, entrega a las familias volantes sobre cómo entregar lo recuperable. Ya un 65 % de los productores de desechos los separan en la fuente. Falta cultura para separar. Por eso, en los lugares donde está el 35 % que no separa, el recuperador abre la bolsa, extrae lo que le sirve y la vuelve a cerrar. Gestión Ambiental ha apoyado el montaje de centros de acopio donde compra el material clasificado y lo vende a las empresas que reciclan. Como ejemplo, hoy se recupera aproximadamente el 28 % de las botellas plásticas que genera la ciudad. En Bogotá, en La Candelaria, está funcionando un proyecto similar. Un grupo de vecinos ha hecho una alianza con la Asociación de Recicladores de Colombia, quienes recogen una vez por semana, en bolsa separada, todo lo reciclable.

Otro proceso es el de valoración de residuos sólidos en Isla Grande (Islas del Rosario). Este proyecto surge en respuesta a la degradación ambiental asociada a la afluencia de turistas y el crecimiento poblacional. En 2015, la ONG Isla Única inició un proyecto para apoyar el desarrollo sostenible en Isla Grande, donde habitan más de 900 afrodescendientes. Un reciente fallo del Consejo de Estado reconoció la propiedad colectiva de la isla a la comunidad local. La isla trabaja para ser reconocida como ecoaldea y el proyecto es liderado por locales que buscan crear un centro de acopio para reemplazar el botadero de basura, que genera problemas de salud. Hay un centro de compostaje y se adquirió una compactadora y una trituradora de plásticos que permitirán aprovechar el 80 % del total de residuos. Se están construyendo acuerdos para la separación en la fuente y se han vinculado al proyecto el Sena, Cardique y Parques Nacionales.

Revisemos nuestras prácticas y organicémonos para producir menos basura y generar menor impacto.

 

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