Por: Daniel Emilio Rojas Castro

La batalla del fin de los tiempos

Tendrá lugar al norte de Siria, en Dabiq, un enclave de 3.364 habitantes colindante con la frontera turca. Según la escatología islámica, Dabiq será el teatro de la batalla que anunciará el fin de los tiempos.

La reputación legendaria de la ciudad se nutre de dos fuentes diferentes. La primera es la batalla de Marj Dabiq, que enfrentó al Imperio turco-otomano y al Sultanato Mameluco en 1516. El triunfo turco permitió la incorporación de Siria al imperio y la conquista de casi toda la península arábiga. La otra es una lectura de la resurrección y del juicio final basada en la interpretación del Corán y de los hadiths, compendios que reúnen los actos y palabras de Mahoma y que constituyen una fuente importante para el Islam. Ciertos interpretes de los hadiths (entre los que se hallan los líderes religiosos del EI), sostienen que la batalla de Dabiq enfrentara a las armadas musulmanas y a las tropas de ‘Roma’, término que aparece en los textos y que puede representar los restos del Imperio romano de Oriente, a Turquía o a cualquier armada compuesta por no-musulmanes.

Está visión profética inclinó a los jefes militares del EI a tomar decisiones estratégicas importantes para demostrar que el tiempo del fin se está acercando. En agosto de 2014, los yihadistas emplearon cantidades significativas de tropas y recursos para conquistar a Dabiq, punto que no tenía ninguna importancia para los observadores internacionales, pero cuya posesión resulta indispensable si se tiene en cuenta que pare el EI la conducción de la guerra posee una dimensión teológica real.

Las reacciones generadas en torno a la profecía han sido variadas. Cuando el general M. Dempsey, comandante general de las fuerzas de la coalición, evocó en Washington la posibilidad de enviar tropas terrestres para enfrentar a los yihadistas se creó el hashtag ‘Lo juramos, Dabiq está acerca’. Por otro lado, el gobierno turco, que inicialmente no había integrado la coalición, se sumó a ella después de que el EI ocupara dicha ciudad, pues según la profecía después de invadirla las armadas del califato deben entrar en el territorio turco para invadir a Estambul.

Pero más allá de las reacciones, la teología de la guerra plantea un problema de orden táctico para el futuro. Si el EI está esperando que la batalla de Dabiq tenga lugar, un envío de tropas terrestres de la coalición liderada por los EE.UU va tener el efecto contrario al deseado, y será leído por los yihadistas como un medio para afirmar su propia lógica de combate. La llegada de tropas también podría incrementar el flujo de voluntarios que simpatizan con el EI y que pueden desplazarse al Medio Oriente esgrimiendo que la coalición invade los territorios ancestrales del Islam.

Para combatir al EI quedan los bombardeos aéreos, cuyo margen de efectividad es escaso, y la posibilidad remota de que el EI sea directamente atacado por una coalición compuesta por Musulmanes. Ambas razones hacen que en vez de acercarse, la batalla del fin de los tiempos parezca cada vez más distante.

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