Por: María Elvira Bonilla

La bella novela del horror

Las imágenes de la tragedia que se vive en la franja de Gaza me han remitido a una de las novelas más impactantes sobre la condición humana: Si esto es un hombre, escrita por Primo Levi.

 Un italiano que descubrió su talento de escritor cuando se enfrentó a la urgencia de tener que narrar las atrocidades de este escenario de crueldad. Aquel cementerio de 1,5 millones de judíos asesinados o muertos por los vejámenes y la humillación que soportaron durante los cinco años que operó el complejo nazi que encontró el ejército ruso, en el que solo aparecieron 7.600 sobrevivientes. Entre los que se encontraba Primo Levi. Un judío nacido en Piamonte a quien lo salvó su profesión de químico que lo hacía instrumental para los administradores del campo de concentración nazi.

De su permanencia en Auschwitz resultó una de las más impactantes y bellas narraciones testimoniales que se han escrito: Si esto es un hombre, que forma parte de la Trilogía de Auschwitz que Levi empezó a escribir recién liberado en 1946, para “satisfacer el impulso inmediato y violento de tener que contar lo que allí sucedió, lo que allí viví. Nació como una necesidad impostergable, que se convirtió en una liberación interior”. Pero también para “proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana”. Y lo logró.

Levi nunca aceptó la denominación de “holocausto”, porque veía en esta la posibilidad de encontrar en la atrocidad nazi un sentido de sacrificio movido por razones de pasión ideológica o religiosa cuando para él no fue nada distinto a un proyecto político de sometimiento y destrucción de seres humanos. Sobrevivir nunca fue para él un mérito, ni mucho menos una experiencia espiritual ennoblecedora o redentora, sino un azar del que se beneficiaron quienes lograron algún privilegio, por ínfimo que fuera, o aquellos que accedieron a cooperar de alguna forma con los verdugos.

Es una gran narración, descarnada y profundamente humana, sobre los rincones oscuros y miserables del alma. Detalles escabrosos y profundas reflexiones sobre una experiencia que por su propia naturaleza sería indescifrable por monstruosa, casi imposible de entender y de transmitir. Enfrenta ese infierno racional y calculado con un pudor y una sutileza casi inconcebibles y logra, en medio de las atrocidades, rescatar la dignidad de la vida, la fuerza de la inteligencia, la compasión y la clemencia, como oportunidades únicas para salvarse como individuos. Primo Levi se suicida, agotado, sin esperanza en la condición humana.

Si esto es un hombre es un libro que debería estar en la mesa de noche de Benjamin Netanyahu y de muchos espíritus guerreros enceguecidos por el poder. Su lectura tal vez lograría salvar alguna brizna de bondad, de esas que a veces permanecen ocultas en el alma humana, que sirviera para acallar su odio y serenar su espíritu vengativo con el que quisiera desaparecer los palestinos. Pero no solo lo debería leer el primer ministro, quien da los órdenes, sino, y como lectura obligada, los jóvenes israelíes que con el corazón encallecido se sientan en Tel Aviv de cerveza en mano a disfrutar de los bombardeos a Gaza como si se tratara de un punto de honor. Un cuadro que lo dice todo y que produce la desesperanza que narró con tanta lucidez Primo Levi.

 

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