Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

La bomba al DAS

Se cumplieron 30 años de la bomba al edificio del DAS. Al terminar este año vamos rememorando la larga lista de los brutales atentados que una mente tan perversa, como lo fue la de Pablo Escobar, pudo ordenar en 1989, entre otros: el asesinato de Luis Carlos Galán, el asesinato del periodista Jorge Enrique Pulido, la destrucción del avión de Avianca y la bomba al edificio del DAS, que tenía un claro destino: dar muerte al general Miguel Maza Márquez.

Los anteriores hechos concatenados en un solo año son una clara demostración de cómo es insólito un fallo de la justicia colombiana de condenar al general Maza como cómplice y coautor, con Escobar, en el atentado a Galán. ¿Cómo puede caberle a uno en la cabeza que esa alianza pudo darse entre dos enemigos declarados? Para ahondar más en lo inaudito de esta supuesta colaboración es que el hoy sentenciado general no fue objeto de ese solo atentado, ordenado por el mismo sicópata, sino que también se salvó de otra bomba que, con iguales propósitos, le lanzaron a su automóvil cuando se desplazaba por la carrera Séptima con la calle 58.

Ese año de 1989 fue nefasto para Colombia y mostró de cuerpo entero de lo que era capaz esa alianza, esa sí indiscutible, entre Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, el Mexicano. Con la maestría propia de su trayectoria como buena periodista, María Elvira Samper lo relata en ese libro que tituló precisamente 1989. Allí, sin calificar de insólita esa alianza, pero sin esconder su extrañeza, María Elvira destaca que Maza pasó de héroe a villano.

En la soledad de su condena, que cumple en el Centro de Estudios Superiores de la Policía, no hace más que recordar los hechos heroicos de que fue protagonista, darle gracias a Dios por haberlo salvado de los atentados de que fue víctima y extrañarse de que haya sido condenado por unos hechos que jamás pudo haber cometido.

Escobar y el Mexicano quisieron matar a Maza y lo que logaron fue acabar en masa con 63 personas inocentes. Al general lo salvó Dios y lo condenó el diablo… o un pobre diablo.

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