Por: Hugo Sabogal

La Bonarda

A partir de ahora hay que estar atento. La nueva variedad argentina tinta se llama Bonarda, y algunos de sus ejemplares ya han comenzado a llegar al mercado colombiano. Este cepaje ya no sólo se distingue por ocupar el segundo renglón en hectáreas cultivadas en el país austral, sino que empieza a recibir el apelativo de “nueva estrella”, en un firmamento donde el Malbec ha brillado sin ninguna sombra.

En la última semana, después de un recorrido de 1.700 kilómetros por las regiones vitivinícolas argentinas, como resultado de una invitación de Wines of Argentina a periodistas de cuatro países para degustar más de 500 vinos en sus propias instalaciones, el cotorreo se hizo intenso en torno al excelente nivel alcanzado por el Bonarda.

En el pasado esta uva, de origen mediterráneo, se destinaba, casi exclusivamente, a la mezcla, ya que aportaba color y viveza a vinos que carecían de estos dos elementos. Pero ahora la Bonarda se defiende por sí sola.

Varios especialistas, entre ellos el estadounidense Jay Miller (asistente del famoso crítico Robert Parker) y el periodista británico Peter Richards consideran que el Bonarda puede hacerle compañía al Malbec en el estrado de los grandes vinos argentinos. La condición es que los profesionales del ramo se apliquen en cultivar la uva con esmero y elaborar los vinos con estilo y delicadeza.

Casas como Catena, Trapiche, Alta Vista, Tittarelli, Álamos, Chakana, Colonia Las Liebres, Graffigna, Luigi Bosca, Lurton, Navarro Correas, La Puerta, La Chamiza, Nieto Senetiner, Tittarelli y Zuccardi, entre otras, han comenzado a embotellar Bonarda de media y alta gama. Probé casi todos y puedo declararme muy satisfecho. Como siempre se le ha utilizado para la mezcla, el Bonarda corta bien con el Malbec y el Syrah. Muestra de ellos son el Malbec-Bonarda, de Uxmal, el Bonarda-Malbec, de Tikal, o el Syrah-Bonarda, de Críos (Susana Balbo). También está el Bonarda Alma 4, un espumante tinto asociado con la casa Zuccardi.

Antes de pasar a describir los aromas y sabores típicos de la variedad, vale la pena mencionar algo de historia. La variedad, aparentemente, surgió primero en Grecia, con otro nombre. Luego se instaló en el Piamonte italiano, donde comenzó a conocérsele como Bonarda. Algunos investigadores afirman que la francesa Corbeau podría considerarse una prima hermana de la Bonarda, pero esa hipótesis no se ha comprobado con certeza.

¿Y cómo se comporta el Bonarda en la copa? Ante todo, debe decirse que la fruta presenta granos negros, casi azulados, condición que anticipa el intenso color que aportará al vino. Los tintes van desde el rubí intenso y brillante, hasta el violeta, pasando por una variada gama de púrpuras. En nariz se comporta con gran personalidad, sugiriendo aromas a moras, frambuesas, fresas, con un fondo a especias dulces. En boca se le siente firme y sin remilgos, con una buena descarga de taninos. Si los racimos han completado su maduración, como suele ser el caso de Argentina, gracias al clima continental predominante, los taninos de la Bonarda son suaves, entregando un fondo aterciopelado, bastante elegante. También resiste la maduración en barricas de roble, tornándose más complejo, provocativo y sensual.

En la mesa, va bien con carnes, vegetales, pastas, quesos duros y comidas condimentadas. Debe servirse entre 16 y 18ºC para poder apreciar sus características.

La invitación es a explorar esta variedad y a tomarle el gusto. Más adelante uno puede iniciar un sondeo de territorios de origen, pues, si bien es cierto que ocupa extensiones considerables en Mendoza, también se le cultiva en La Rioja y San Juan.

www.hugosabogal.com

 

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