Por: Mauricio Rubio

La Cabal y el fascismo camuflado

Con un solo trino, María Fernanda Cabal mostró lagunas en varios frentes, incluyendo la ciencia política que estudió.

La senadora regañó al ICBF por una campaña de “transbordo ideológico inadvertido” que propone, con la disculpa de la inclusión, “prácticas manipuladoras para borrar la identidad de género”. Encima, pregona la igualdad recomendando que los juguetes y los colores no estén etiquetados por sexo. Según ella, todo esto sería “puro fascismo con disfraz humanitario”.

A diferencia de muchas afiliaciones partidistas —liberales, demócratas, verdes, nacionalistas, socialistas, comunistas— que conllevan información sobre una ideología, el término fascista es difuso. Se utiliza de manera peyorativa contra gente reaccionaria o autoritaria pero con ideas políticas variadas, no siempre coherentes. El fascismo histórico de Benito Mussolini en Italia mostraba abiertamente el orgullo de serlo. Proclamaba su visión de sociedad y anunciaba las acciones que emprendería. En los distintos movimientos denominados a la ligera con el mismo término, los rituales y manifestaciones explícitas de sus objetivos y enemigos siguen siendo la norma. El fascismo disfrazado al que alude la Cabal, que además pretendería ser humanitario, es un total oxímoron. Un ICBF de extrema derecha con máscara de izquierda para asuntos de género es tan alucinante como sería un neonazi travesti colaborando con la Cruz Roja el día de la banderita.

Otro punto más sutil es que criticar instituciones por sus programas o campañas con objetivos sensatos explícitos tiene sentido sólo cuando existe desacuerdo sobre la relación causal entre acción y resultados esperados. Si una persona cree que las enfermedades se curan con rezos y milagros sería descabellado que reprochara a una entidad el anuncio de tales mecanismos contra una epidemia.

El enredado trino de la senadora alcanza a sugerir que ella piensa que los juguetes y los colores tienen un impacto sobre la identidad de género. Si la militancia progre ya convence a sectores derechistas del legislativo, el discurso pronto será hegemónico, avalado por la jurisprudencia constitucional. Precisamente por eso se debe criticar la campaña del ICBF. Es más que razonable que una entidad con el presupuesto y el alcance sobre la infancia del ICBF promueva la igualdad. Pero ese loable objetivo no basta para que se propongan intervenciones inútiles e ineficaces.

Es lamentable que una congresista confunda los fines con los medios, pero también preocupa que sea ella una de las pocas personas incómodas con una campaña en la que se pretende que intervenir rosados, azules, muñecas y camiones de juguete contribuye a la igualdad.

Una amiga feminista resumió la situación porque, como ocurre con estos temas, debate no hubo. Vale la pena anotar que se trata de una brillante profesional que conoce distintas teorías, muchos datos, testimonios e historias de vida. Es amiga de activistas pero orgullosa señora de Carulla, madre reincidente con doble jornada, hija de maestra y comerciante, ambos exitosos. Como Úrsula Iguarán en “aquella casa extravagante”, es de las personas mejor equipadas para preservar el sentido común en un ambiente donde campean dogmatismo y charlatanería. “No puedo creer que haya una controversia por los géneros y los juguetes. Vestir muñecos ayuda a desarrollar la motricidad fina y la autonomía de niños y niñas. Empujar carros, la gruesa. Los juguetes son juguetes, y ya. Prohibirle a un niño o una niña jugar con lo que quiere jugar porque se asocia a un deber ser sí que es ideológico. A los niños hay que dejarlos jugar y darles herramientas para que exploren diferentes formas de juego sin clasificar las cosas con prejuicios que ellos no tienen”.

Fuera de respaldar esta sabiduría vetada, de anotar que concuerda con la evidencia científica sobre desarrollo de la personalidad infantil y la identidad de género, es oportuno mencionar el relativo fracaso de los esfuerzos por lograr igualdad laboral —entendida como miti-miti en todos los oficios— en aquellas sociedades que han hecho significativos esfuerzos para controlar minuciosamente el lenguaje, los símbolos, los estereotipos, los roles, los colores, los juegos y los estímulos durante la niñez, desconociendo torpemente la naturaleza humana.

Los países escandinavos llevan décadas de intervencionismo e ingeniería social pretendiendo moldear la personalidad con fines igualitarios desde la niñez. Los logros en materia de conflictos de pareja y decisiones laborales han sido precarios por ignorar cuestiones básicas e instintivas que cualquier persona no adoctrinada sabe desde kínder, como la relación entre celos y violencia o la marcada preferencia de las mujeres por interactuar con gente y no con máquinas.

La Cabal debería ir a Estocolmo, no para soñar con algún nobel en el infierno, sino para observar, averiguar y refinar sus argumentos contra las estrategias del ICBF. Si pasara por Italia podrían refrescarle lo que debieron enseñarle sobre fascismo en la universidad.

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