Por: Humberto de la Calle

La caja negra del Congreso

Mucho debate. Mucha televisión en prime time. Mucho noticiero del Congreso. A primera vista, transparencia total en la labor legislativa.

Pero es apenas una falsa ilusión. La verdad es que, exagerando un poco, los debates formales en comisiones y plenarias son apenas un simulacro. Las decisiones efectivas se toman en las comisiones de conciliación. En efecto, como es apenas humano, en múltiples ocasiones hay diferencias en los textos aprobados en Senado y Cámara. En vez de echar todo el proceso de una ley al tarro de la basura, la Constitución decidió de manera inteligente que lo que había que hacer era conciliar los textos disímiles y refrendarlos en cada Cámara. Muy bonito. Pero la verdad es otra. Las comisiones de conciliación son la caja negra del Congreso. O mejor, su triángulo de las Bermudas. En primer lugar, no hay criterios definidos sobre cómo se integran las famosas comisiones. Basta que un presidente de cada Cámara quiera manipular el resultado y decidirá estratégicamente a quién manda a conciliar. Lo ideal sería que las comisiones reflejaran simétricamente la realidad de las discusiones previas. En segundo lugar, no hay actas de las decisiones. Este no es un formalismo más. No se sabe quién concilió qué, las razones de los cambios de opinión, cómo funcionaron las bancadas, por qué un texto resultó a la postre mejor que otro. Son todas inquietudes ciudadanas que se diluyen en el laberinto del misterio. Y, si algo faltara, la votación en las plenarias para refrendar el acuerdo, se hace a pupitrazo limpio. No hay casi nunca verdadera discusión. Después de la monótona lectura del informe correspondiente, a la cual nadie presta atención, se vota en un santiamén. Son acuerdos de pasillo de los cuales no queda rastro. La verdad sobre la fibra real de las leyes permanecerá sepultada.

El asunto no es marginal. Congreso Visible, bajo la dirección de la politóloga Mónica Pachón, ha estudiado el tema. En este Congreso, aproximadamente el 60% de las leyes han salido de la penumbra de las comisiones de conciliación. Además, estamos hablando de temas trascendentales. Un ligero repaso al desgaire: Plan de Desarrollo (que ahora es una especie de caja de Pandora a la que se llevan todos los remiendos legales), justicia transicional para verdad, justicia y reparación, normas tributarias de control y para la productividad, extinción de dominio y reformas a los códigos para la seguridad, reparación integral de víctimas, organización y funcionamiento de los partidos, estatuto anticorrupción y otras.

No es mucho pedir que a los esfuerzos de transparencia (que los hay) se sume una reglamentación clara y diáfana sobre los mecanismos de conciliación, que son la verdadera fragua donde se cocinan las leyes.

Mientras se dicta una ley que complemente el reglamento del Congreso, algo se podría poner en marcha a través de resoluciones de las juntas directivas. Una idea semejante ha tenido el presidente de la Cámara, Simón Gaviria, quien ha implementado un mecanismo de control del cabildeo o lobby, otro asunto en el que la transparencia ha brillado por su ausencia.

 

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