Por: Aura Lucía Mera

La camiseta

Ver el estadio de Barranquilla como una gran copa de luz jamás se borrará de la memoria de los colombianos. Miles y miles de camisetas amarillas refulgían desafiando al sol. Toda Colombia unida en un solo propósito. La misma meta.

Pensé en que así debe ser el proceso de paz. Todos los cuarenta millones de hermanos que vivimos bajo la misma bandera tricolor, sin distingos de nada, deberíamos ponernos la camiseta tricolor de la paz. Así como la Selección Colombia entrenó a puerta cerrada, para luego salir unidos a triunfar, olvidando diferencias.

El enemigo común es la inequidad. El narcotráfico. Las ambiciones políticas. Estas son las causas subyacentes de las confrontaciones que nos han desangrado por más de medio siglo. Primero los conquistadores, a sangre y fuego doblegando nativos. Luego los virreyes con derecho a pernada y dispuestos a todo con tal de engrosar sus arcas. Luego una independencia feudal, con los campesinos como carne de cañón. Posteriormente las hegemonías partidistas, con otros campesinos como carne de cañón. Enseguida el nacimiento de grupos de guerrillas que querían combatir el feudalismo y la desigualdad y que fueron poco a poco, tal vez enfermos de selva y valores trastocados, perdiendo su identidad, pero no el deseo ya adictivo de la sangre y el terrorismo. Surgen de repente los paramilitares, oscuros desde sus inicios, movidos por intereses negros como las manos peludas y los dueños del poder.

Porque la triste realidad es que solo en casos muy raros y esporádicos, los generales de cualquier bando, los jefes, los líderes , los que mueven el poder desde el poder, mueren en batalla. Bolívar jamás se cayó del caballo. Ningún virrey fue degollado. Los caudillos del la violencia conservadora-liberal murieron todos en sus camas, o peor, aún viven algunos. El asesinato de un líder nato, nacido de las entrañas del pueblo como Jorge Eliécer Gaitán, partió la historia del país en dos. Marulanda murió de viejo. Los paras están en USA. Los empresarios y políticos que los apoyaron gozan de perfecta salud.

La verdad monda y lironda es que el campesinado siempre ha puesto los muertos. Y los sigue poniendo. No conozco ningún ejecutivo de la Banca desplazado, por ejemplo.

Por eso sueño con que todos los colombianos cambiemos la sangre por la camiseta. Nos unamos. Alcemos los brazos hacia el cielo y gritemos al unísono que queremos la paz. Sin rencores. Con el alma abierta. Todos tenemos que perdonarnos primero, para poder recibir el perdón “del enemigo” y perdonar.

Todos hemos sido culpables . El sistema. Los partidos. Los banqueros, los empresarios, los señoritos, los traquetos, los guerrillos, los paracos, los corruptos y los no corruptos. Todos estamos untados desde hace más de medio siglo. O nos ponemos ya la misma camiseta, o jamás triunfaremos en el partido más importante de nuestra historia: la paz y la equidad.

Como el abanico dorado en la tarde luminosa de Barranquilla. Todos unidos. La misma meta. Luchar con la camiseta de la paz.

 

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