Por: Luis I. Sandoval M.

La candidatura alternativa

Sin audacia, imposible. Sin generosidad, imposible. Sin sensatez, imposible.

Me refiero al tema por resolver del candidato o candidata que exprese en las elecciones de 2014 la voluntad convergente de las izquierdas, los demócratas independientes y los progresistas. Esta candidatura que se ha catalogado como tercería es una necesidad incontestable.

El apelativo de tercería se origina en que existe una polarización entre derecha extrema (Uribe) y derecha moderada (Santos) que crea una estructura de oportunidad política favorable a las terceras fuerzas (Orlando Fals). Esta tercería orientada a blindar el proceso de paz, rehacer el modelo económico, realizar derechos y combatir la inequidad, integrar dignamente al país con el continente y el mundo, tiene un acumulado cercano en la ola amarilla (2006), la ola verde (2010), la ola multicolor (2011).

La tercería alternativa no sería solo un acuerdo electoral para la pervivencia marginal de las minorías políticas, o para dejar constancia en la historia política, sino un acuerdo programático transformador de una convergencia amplia, siguiendo ejemplos cercanos en América Latina, decidida a batallar sostenidamente por acceder al gobierno y al poder.

La tercería alternativa no sería solo para el ejercicio electoral y parlamentario sino para alentar y recoger la movilización social integrando sus banderas y sus líderes y liderezas al proyecto de transformación y transición democráticas.

La confluencia de partidos y movimientos tiene hoy un soporte inesperado: el país vive un despertar de la acción colectiva y la protesta social. En los últimos meses han tenido lugar 18 paros que le apuntan y le apuestan a la modificación sustantiva de políticas públicas vitales referidas al campo, la educación, la salud, la justicia, el agua, la minería, el transporte, las víctimas, el reconocimiento de la diversidad étnica, sexual, cultural, regional. Estos movimientos buscan canales de incidencia política, su espacio está sin duda en una opción sociopolítica innovadora. 

La tercería alternativa tiene la misión de tomar iniciativa para gobernar el proceso de transición de una democracia poblada de violencias a una democracia creciente sin violencia. Este proceso de transición, comenzado hace veinte años y que avanzará significativamente con los acuerdos de paz a que se llegue con las Farc y el Eln, tiene cuatro dimensiones que exigen cursos nuevos a la política: el tránsito de la confrontación armada a la conflictividad civil, el tránsito de una política deformada a una política transformada, el tránsito de un pacto de minorías a un pacto de mayorías, el tránsito de un sujeto plural fragmentado a un sujeto plural articulado.

La tercería alternativa tiene aún tiempo, en realidad escaso tiempo, para conformarse, ganar espacio en la opinión, y actuar con éxito, exigiendo y asegurando garantías efectivas, en las elecciones de 2014.

La Alianza Verde, el Polo Democrático, la Unión Patriótica (reparada), País Común, la Alianza Social Independiente, los movimientos sociales y políticos que incursionan en la política, y otros sectores que presentan nombres para la Presidencia de la República no pueden eludir la responsabilidad de unificarse alrededor de uno solo de los excelentes nombres en juego.

¿Cómo? Sencillamente tomando en cuenta el resultado de las elecciones parlamentarias: los agrupamientos más votados aportan los nombres para la fórmula Presidente-Vicepresidente, pueden ser hombres, pueden ser mujeres, puede ser hombre y mujer, puede ser mujer y hombre.

Este u otro mecanismo que se escoja, entre varios posibles (encuesta, consulta, acuerdo, sorteo), no será viable sin imaginación y sin voluntad política. La política no es una inercia agobiante del pasado, es un acto creativo que supera la fatalidad. Con una sola candidatura alternativa, mediante acuerdo incluyente, ganará la paz, ganaremos todos, ganará Colombia. [email protected]

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