Paro nacional: Guarda indígena se une al cacerolazo en la Plaza de Bolivar

hace 2 horas
Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

La capital de la alegría

Pese a las múltiples vicisitudes que afligen a Cali, se celebra por estos días, contra viento y marea, la versión número 60 de su emblemática feria que paraliza la ciudad de más de 2’300.000 almas, siendo totalmente imposible abstraerse a esta fiesta de la alegría, el goce y la hospitalidad.

La figura principal es sin duda la salsa, ese bailoteo que pone a contonear la cintura y a mover piernas y brazos y pies y manos al son de una música tan pegajosa como exultante.

Por unos pocos días se tratan de olvidar o, mejor, posponer penas y dolores; las calles se infartan y colapsan traviesamente cuando la música invade hasta los templos y los camposantos, bailan al unísono choferes del MÍO, ancianos venerables, gays, damas desconectadas y toda una fauna que pareciera olvidar su condición social y se entrelaza en ese lenguaje maravilloso que es el ritmo y la cadencia.

Y es que los caleños tenemos ese “no sé qué” que cautiva e invita a la amistad, al saludo guapachoso, al abrazo informal y hasta el beso furtivo con todas sus consecuencias posteriores.

Cali canta y encanta: en sus barrios populares no se cierran las puertas de las casas y desde muy temprano resuenan los parlantes que no se han callado desde la noche anterior. Hay un ambiente sano de interminable jolgorio y pareciera que una anestesia especial hubiera llenado los corazones de amor y de perdón.

La Feria de Cali es un evento gratuito en un 95% y paralelo a la programación oficial hay temporada taurina, presentación de reputados artistas internacionales y otros eventos colaterales, que atraen a cientos de turistas que se deslumbran con el salsódromo y ese aire que se respira, en el que no faltan los olores del fogón tradicional preñado de los sabores ancestrales del Pacífico y de las cocinas caucanas.

Pareciera que hubiese una orden suprema en torno a dejar las caras tristes y mostrar y demostrar una alegría amistosa y sincera. No en vano alguna de nuestras melodías más recurrentes dice que aquí “nadie es extraño ni ajeno…”.

730872

2017-12-29T10:00:00-05:00

column

2017-12-29T10:00:01-05:00

ficaco04_81

none

La capital de la alegría

25

2143

2168

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

Uber sí, pero...

Un problema de nunca acabar

Uribe, el mejor senador

¿Conejazo a Jamundí?

La feria de la alegría