Por: Gustavo Páez Escobar

La casa 75.000

Avanza con éxito el programa ofrecido por el presidente Santos de construir 100.000 casas para la gente pobre.

En esta ejecución tuvo singular empeño Germán Vargas Lleras como ministro de Vivienda del primer período presidencial. Para el cuatrienio que acaba de iniciarse, el Gobierno anuncia la construcción de 300.000 viviendas más.

Es un empeño plausible y de gran envergadura. Y se espera que tenga cabal ejecución. Pero vendrá la tarea nada fácil de conseguir los recursos, además de la inestabilidad de algunos propósitos gubernamentales. Es aquí donde surge el temor de que esta obra gigante no alcance la meta prometida.

No se trata de una mira pesimista, en modo alguno, sino de una valedera apreciación basada en hechos ciertos ocurridos tras la euforia electoral de meses atrás, hechos que han mostrado otra cara en el terreno de la realidad.

En la campaña presidencial, tanto Juan Manuel Santos como Germán Vargas se comprometieron, con palabras muy claras y muy esperanzadoras para el gremio de los pensionados, a defender el proyecto de ley que busca disminuir del 12% al 4% el aporte para la salud. Ya en marcha el actual Gobierno, se han evaporado las categóricas expresiones de ambos dignatarios.

Quien ha salido a hablar por ellos es el Ministro de Hacienda, que se opone al proyecto de ley con el argumento de que no existe disponibilidad presupuestal. ¿Más adelante el funcionario hará lo mismo respecto a las viviendas populares? Puede suceder, claro está.

Lo mismo sucede con otra oferta de Santos en su primera campaña presidencial: la de desmontar el detestable impuesto del 4 x 1.000. Cuando esto iba a ocurrir, vino la ola invernal del 2010, y para salvar la emergencia se dejó sin efecto lo que el candidato y luego Presidente había ofrecido con tanto énfasis. En el 2013 irrumpió el paro obrero, y para atender el costo de las mejoras otorgadas al sector se sacrificaron los dos puntos del 4 x 1.000 que se iban a recortar en el presupuesto del 2014.

En síntesis, la palabra presidencial ha quedado en el aire, tanto en relación con el 4 x 1.000 (que el país repudia), como con la contribución para el renglón de salud de los pensionados (que no puede ser más descabellada). Por lo tanto, cabe dudar de los recursos que deben arbitrarse en los próximos años para las 300.000 casas restantes. Cuando se pierde la fe en la palabra oficial, muchas cosas se derrumban en el país. Por lo que se ve, el Ministro de Hacienda es quien dice la última palabra. ¿Esto es sensato, es coherente, es comprensible? Desde luego que no.

Hay que celebrar la entrega de la casa 75.000 a Modesta Rivas, mujer azotada por el hambre y la violencia. Justo acto de reparación le hace el Presidente a esta humilde y desamparada chocoana, madre de cuatro hijas y fugitiva de su propia tierra por el asedio de los paramilitares y la miseria reinante. A través suyo se muestra que el programa de las viviendas llega a donde debe llegar. Ojalá así continúe ocurriendo hasta coronar, en el tiempo anunciado, la meta de las 400.000 casas.

Respecto a las casas con subsidio oficial, conozco el caso de una señora que desde hace 20 años presta sus servicios domiciliarios en el ramo de la estética femenina, y sin embargo no ha logrado conseguir vivienda. El problema reside en que no puede demostrar sus ingresos como trabajadora independiente. En la lucha por el techo ha gastado muchos años, y nadie le resuelve su problema. Debe estudiarse el método para que las políticas oficiales favorezcan a estos trabajadores olvidados.

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2014-11-21T21:00:05-05:00

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