Colombia2020 y Rutas del Conflicto lanzan plataforma para seguir el pulso al acuerdo de paz

hace 4 horas
Por: Fernando Araújo Vélez

La casa del Che

Temor, ansiedad, ilusión, magia. Pasado, historia, luchas, vida y muerte. El viejo militante de las izquierdas caminó más de 30 cuadras para llegar hasta el número 2180 de la calle Araoz, en la esquina con Mansilla, Buenos Aires, para dejarse morir en paz.

Su recorrido fue un camino en blanco y negro. Anduvo por la calle Santa Fe, por Arenales, la del tango de Piazzola; por Corrientes, la de Fito Páez y 11 y 6, y por la Facultad de Medicina de la Avenida Córdoba, donde tantas veces debió haber estado el Che Guevara.


Se metió en dos bares del barrio Palermo, tal vez porque quería disminuir sus prisas, sus pulsaciones, y cantó para sí mismo “Aprendimos a quererte desde la histórica altura, donde el sol de tu bravura le puso cerco a la muerte. Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia, comandante Che Guevara…”. A una cuadra de su destino, sólo para probar que las ideologías y las formas de la Policía no habían cambiado, le preguntó a un agente por la casa del Che. El tipo le respondió que ni siquiera sabía del sujeto.


Él siguió su rumbo, hasta que llegó a la esquina que buscaba, la de Araoz y Mansilla. Observó, buscó y tocó un timbre que no sonó, pisó donde debió haber pisado el Che, y lento, con la arrogante timidez de quien sabe que no puede perder, esta vez no, se asomó a una carpintería y volvió a indagar por la casa del Che. “Esta es la casa del Che”, le dijo un señor, sin levantar la mirada de una tabla en la que pintaba líneas. “Pero...”. “Sí, era una casa, la echaron abajo y ahora estamos nosotros dos”. El viejo miró hacia una esquina y un muchacho, 20, 22 años, lo saludó. “Es una lástima, sí, pero ya ve, el dinero todo lo corrompe. Ni una placa pusieron”, dijo, y luego añadió que por día llegaban decenas de visitantes y se iban desilusionados. “Por fortuna”, interrumpió el hombre de la tabla. “Paremos ya con la apología de las revoluciones”, sentenció. “Déjelo, que siempre vuelve con la misma joda. Aún no ha podido asimilar que el lugar donde labura, este sitio, fue la primera inspiración del Che, y por tanto, de las revoluciones”.

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