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hace 48 mins
Por: Alvaro Forero Tascón

La chavezpolítica

LA RABIA INTENSA DE LOS COLOMbianos frente a las arremetidas de Hugo Chávez contra el presidente Uribe, es tan comprensible como peligrosa. Comprensible por la inverosímil falta de respeto de Chávez.

Y peligrosa porque de tanto rasgarse las vestiduras por cuenta del presidente venezolano, la sociedad colombiana puede terminar atrapada por el odio nacionalista. Y por ese conducto, tendiendo hacia una sociedad políticamente primitiva como la venezolana, presa del fetiche antichávez. Por eso sería muy negativo que prosperara la chavezpolítica —la paranoia sobre la amenaza de infiltración chavista en la campaña electoral—, que sólo serviría para que algunos saquen provecho del rechazo al presidente venezolano entre la opinión pública colombiana.

Algunos dirán que las agresiones de Chávez son incontrolables porque no dependen de Colombia, ya que el presidente venezolano es impredecible y agresivo. Lo segundo es cierto, pero no lo primero. Las relaciones con Venezuela pueden depender de la política exterior colombiana, porque el deber de la Cancillería es anticipar las reacciones venezolanas para tomar medidas diplomáticas que eviten que los actos de Colombia aticen el conflicto. La realidad es que las tres arremetidas de Chávez contra Uribe se hubieran podido evitar, si no se hubiera hecho todo lo posible para asegurar una respuesta violenta de Chávez. En el caso de la detención de Granda, violentando la soberanía venezolana. En el del intercambio humanitario, introduciéndolo en el conflicto armado para desvestir sus vínculos con las Farc, y destituyéndolo de manera humillante. Y en el caso de las bases norteamericanas, notificándole por periódico de un hecho que se sabía Chávez iba a aprovechar internacionalmente.

La realidad es que por estar conteniendo una amenaza chavista con medidas tan espectaculares como rentables políticamente, el gobierno Uribe ha fracasado rotundamente en forzar a Chávez a colaborar en materia de seguridad. Permitiendo que Chávez también haga política con Colombia y convenza a Suramérica de que el peligroso para la seguridad regional es Uribe, no él. Prueba de ello es el espectáculo televisivo de una Colombia solitaria y cuestionada por los países del subcontinente en Unasur.

El riesgo de confrontación con Venezuela que el Gobierno tendría que mitigar pero que prefiere instigar, ha sido tan inminente, que desde marzo de 2006 escribí una columna en este diario titulada “Colombia, próximo campo de confrontación entre Estados Unidos y Hugo Chávez”. Y en otra columna de 2007 sostenía que: “Quienes se declararon sorprendidos por la noticia de que Hugo Chávez conducirá a Venezuela hacia el socialismo, no saldrán de su asombro el día que enfile sus baterías políticas contra Álvaro Uribe. Sin embargo, como ahora, no habrá razones para la sorpresa”.

Y en enero de 2008, en otra columna hacía la siguiente aseveración: “La pugnacidad entre los dos presidentes podrá disminuir durante períodos de calma chicha, pero tendrá brotes inducidos cuando al Presidente colombiano le convenga, especialmente cerca de las elecciones presidenciales. Porque seguramente Chávez seguirá atrapado en la atarraya y cometerá el error de tratar de incidir en la política interna colombiana”.

 

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