Por: Ciudades invisibles

La ciudad para la comunidad

El Plan de Ordenamiento Territorial –POT- fue concebido como herramienta para la planificación de la ciudad como totalidad.

Bogotá es un territorio complejo, es como colcha compuesta por numerosos retazos donde no solamente  coexisten las diferentes normas  de urbanización y la composición social de cada barrio, sino que además se hallan elementos naturales y de ubicación geográfica que convierten cada zona de la ciudad en un universo particular.

Con acierto, en el POT del año 2000, se crearon las Unidades de Planeamiento Zonal -UPZ- que permiten, en un marco general, regular la edificación de cada sector urbano. Se incluyó un ingrediente fundamental: la participación ciudadana, que facilita a las comunidades hacer parte de la discusión previa al proceso de expedición de una UPZ.

Como nada es perfecto, esta participación se limitó a la discusión del tema. La decisión sobre la forma final de la UPZ es tomada por un funcionario de la Secretaria de Planeación Distrital, vulnerable a los intereses del gremio de la construcción, así como al pago de favores políticos. Constituyen, pues, las UPZ un factor más de corrupción.

No obstante esta falencia, las comunidades se han dado cuenta del poder que significa la eventualidad de expresarse públicamente, que los medios recojan su sentir. Y han logrado en los últimos años hacerse visibles y frenar los excesos de constructores inescrupulosos.

En el nuevo proyecto de POT, en vez de subsanar las carencias dándole capacidad decisoria a las comunidades, son eliminadas las UPZ. Con esta decisión, Camacol por supuesto está de plácemes, como lo ha manifestado públicamente.

Uno de los ingredientes importantes en la planeación sustentable de ciudades es la participación activa de sus comunidades. Son ellas las que conocen al detalle las particularidades ambientales de sus territorios, la capacidad de soportar comercio, la densidad de población aceptable y las necesidades estrictamente necesarias de transporte.

Determinar la calidad de vida debe estar en manos de los ciudadanos, no en las de los constructores ávidos de obtener beneficios económicos. Como lo mencioné en otra columna, el proyecto de POT presentado por Planeación tiene características antiecológicas: falta de previsión de áreas verdes, permisividad de densidades exageradas en la periferia lo que conlleva la necesidad de nuevas vías, asuntos todos que convierten el nuevo POT en el menos ecológico que uno pudiera imaginar.

El proyecto de POT tiene que ser repensado en términos de sustentabilidad contemporánea, de cabo a rabo, incluyendo como factor fundamental la participación decisoria de  los ciudadanos.

Guillermo Fischer*

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