Por: Julio César Londoño

“La coja” alcanzó a Ferney Tapasco

Cuenta Fernando Jaramillo (blog Memorabilia) que una noche Orlando Sierra se coló en el reservado del restaurante donde cenaba García Márquez y le disparó a quemarropa: “Yo me sé de memoria el segundo capítulo de Cien años de soledad”.

Y por qué el segundo, preguntó Gabo, perito en lunáticos. “Porque el primero se lo sabe todo el mundo”, contestó Sierra y recitó sin una sola vacilación el episodio en que la bisabuela de Úrsula Iguarán cae de culo sobre un fogón encendido, espantada por el estruendo de los cañonazos del asalto a Cartagena del pirata Francis Drake, y queda convertida en una esposa inútil para toda la vida.

La literatura era uno de los tres “rayones” de Sierra. Los otros dos fueron el periodismo y el coraje. “Cogito, ergo, ¡pum! A callar, chitón, a lo tuyo capullo, a otra cosa mariposa. ¡Pum! ¿Dios mío, por qué no me hiciste un poco más cobarde y resignado? Yo también, lo confieso, ¡le temo al Pum!”

Y el pum llegó a la 1:49 pm del 30 de enero de 2002, cuando un sicario de la galería de Manizales le pegó dos tiros en la cabeza, en la puerta del diario La Patria y delante de su hija. Venían de almorzar.

Sierra tenía la mala costumbre de denunciar las componendas de la troika de gamonales del eje cafetero: Víctor Renán Barco, Omar Yepes y Luis Guillermo Giraldo.

Economista de Columbia y aplicado senador durante 35 años, Barco llevó una vida monacal, almorzaba “corrientazos” y hasta devolvió unos viáticos que no utilizó, gesto que mereció el repudio unánime de la plenaria. Yo vi su oficina un día. Los muebles estaban sepultados por montañas de libros y papeles. Dentro de una neverita apagada, un termo y un pan. Pero el santón tenía deslices, “malas juntas”, Yepes, Giraldo… malos vicios, el clientelismo… su suplente, Rodrigo Garavito, fue condenado en el Proceso 8.000, y la Corte Suprema lo acusó de tener vínculos con el jefe paramilitar Cuco Vanoy.

Omar Yepes fue uno de los acusados en “La gran investigación de Caldas”, que comenzó el 17 de septiembre de 2001, por supuesto tráfico de puestos en las empresas estatales de Manizales a cambio de votos. Pero en 2004 el Consejo de Estado, presidido entonces por Alejandro Ordóñez, absolvió a Yepes considerando que no había pruebas de tráfico de influencias.

Luego, en el 2010, Yepes reconoció cínicamente que “…Tuvimos esa alianza durante 28 años. Nos poníamos de acuerdo para elegir gobernador y para trabajar aliados. En los nombramientos, nos repartíamos el poder. La alianza inicialmente fue de Barco, Luis Guillermo Giraldo y yo. El reparto era equitativo, 33, 33 y 33. Una vez se retira Luis Guillermo, seguimos la alianza Barco y yo, 50/50 en los cargos que eran de manejo de libre nombramiento y remoción y un reparto equilibrado del presupuesto en las regiones liberales y conservadoras” (La Silla Vacía).

Hay que reconocer que fue el mismo Alejandro Ordóñez quien pidió a la Fiscalía en agosto de 2009 la vinculación al proceso por el asesinato de Sierra a otro barón electoral de la región, Francisco Ferney Tapasco, exdiputado, exdirector del Partido Liberal de Caldas y dueño de un surtido prontuario criminal: homicidios, parapolítica, etc.

Del sujeto, Orlando Sierra había escrito: “Por sus condenas penales y sus antecedentes administrativos, Ferney Tapasco es indigno de ocupar la presidencia de la Asamblea de Caldas”.

Trece años después, “la coja” alcanza a Ferney Tapasco. El Tribunal Superior de Manizales lo condenó el miércoles a 36 años de prisión como autor intelectual del asesinato de Orlando Sierra. De malas el sujeto. En un país cuya impunidad alcanza el 95%, le tocó formar parte del malhadado 5%.

¡Ojalá te pudras en “la sombra”, sabandija!

 

 

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