Por: Arlene B. Tickner
Decisión de EE.UU. tiene repercusiones mundiales

La colonialidad digital

La decisión de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) de eliminar las regulaciones establecidas por la administración Obama sobre los proveedores de servicios de internet (ISP) ha convertido la neutralidad de la red en tema de debate internacional. Sin embargo, muchas personas, entre las cuales me incluyo, no lo entendemos lo suficiente, con lo cual no dimensionamos su importancia. El argumento es sencillo. Los ISP no deberían interferir en la manera en que usamos el internet –un servicio básico como cualquier otro, como la electricidad– ni afectar los contenidos a los que accedemos ¬siempre y cuando no sean ilegales– al hacer más rápidas y más o menos costosas algunas páginas y aplicaciones.

Si bien se trata de una decisión local, sus repercusiones para el resto del mundo no son menores. Como modelo para otros países, las “malas prácticas” estadounidenses respecto al internet pueden generar un efecto contagio, sobre todo en el Sur global. A su vez, al ver subir sus costos en Estados Unidos por la necesidad de garantizar el acceso de sus usuarios a banda ancha, gigantes como Amazon, Netflix, Uber y Airbnb aumentarán sus tarifas en el resto del mundo. Por su parte, tanto los start-up estadounidenses como los extranjeros enfrentarán obstáculos a la hora de competir por visibilidad en la web frente a aquellas compañías grandes con capacidad de pago a los ISP.

Más desconcertante aún, la no neutralidad de la red puede ahondar la “brecha digital”. Distintos estudios académicos y de organismos internacionales como la ONU y el Banco Mundial coinciden en señalar el impacto positivo de la conectividad sobre el crecimiento económico, el mejoramiento de los ingresos, la reducción de la pobreza y la generación de climas de aprendizaje escolar más motivantes. Pese a ello, éstos resaltan que el acceso per se a internet no es tan significativo como la forma en que se conecta, en donde la velocidad, el costo y la disponibilidad informativa juegan un rol central. Para la muestra, el paquete Free Basics que ofrece Facebook en 63 países (incluyendo Colombia) da acceso gratuito a algunos servicios en línea, pero estos reflejan intereses corporativos del Norte con poca relevancia para el aprendizaje y el empoderamiento de quienes los utilizan, en su mayoría sectores sociales desaventajados. De forma similar, las ofertas de “tasa cero” que permiten usar Facebook, Whatsapp o Spotify sin consumir el plan de datos, no son tan gratuitas como parecen, ya que delimitan la navegabilidad y exigen como “contraprestación” la venta de nuestros datos a los patrocinadores. Dejando de lado las lecturas más triunfalistas sobre las bondades del internet y las redes sociales para la democracia y la resistencia política, también existe una relación entre el acceso libre a la información, la libertad de expresión, la gobernanza y la transparencia pública.

En últimas, la discusión apunta a mostrar que el internet no solo es un mercado virtual ni un espacio de vigilancia y censura, sino un bien público global. Lo que lleva a la pregunta de si la no neutralidad de la red constituye un tipo de colonialidad digital, es decir, un patrón de dominación mundial propio de la globalización neoliberal.

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