La complicidad de la prensa ante la barbarie

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Dos episodios de manipulación de la información ocurrieron en Colombia en menos de una semana. ¿Los protagonistas? RCN Noticias y Noticias Caracol. Una presentadora y una corresponsal mintieron sin el menor pudor y con el mayor descaro ante las cámaras. ¿El fin? La verdad es desconcertante, es difícil dilucidar si es una clara intención de favorecer y ponerse del lado del discurso (y la barbarie) de este gobierno, o absoluta negligencia y desdén por y a la hora de hacer su trabajo.

Ambas periodistas y ambas cadenas de noticia nacional irrespetaron a su audiencia. En el primer caso, RCN Noticias publicó una mentira que título: “Celebración por cambios en la reforma”, cuyo contenido era la imagen del pueblo caleño festejando que había logrado la retirada de la fuerza pública (el Esmad en este caso) de un sector que llevaba horas de enfrentamiento entre civiles desarmados y uniformados armados, pero el noticiero trasmitió la escena y la manipuló afirmando que los caleños celebraban la decisión del presidente Iván Duque de modificar el texto de la reforma tributaria.

El segundo caso fue peor, pasó desapercibido y raya casi en la complicidad con lo criminal. Al informar sobre el homicidio de Marcelo Agredo en las protestas en Cali, el chico de 17 años que golpea con una patada a un policía y al que después el uniformado mata a balazos por la espalda mientras el joven colombiano corre, y cuyo asesinato quedó registrado en un video, la corresponsal de Noticias Caracol dice: “En video quedó registrado el momento, el ataque de varios hombres a policías durante las manifestaciones de ayer. Uno de ellos recibió una patada por la espalda, lo que provocó la reacción del uniformado, este sacó su arma de dotación, dispara en varias ocasiones. El hombre, que según las investigaciones era de origen venezolano, murió”.

¿Siquiera piensa esta periodista lo que está informando? ¿Es consciente de su manipulación? ¿Cuestiona la información que recibe antes de transmitirla? De su corta frase (des)informativa se pueden deducir varias cosas: cuando dice “en video quedó registrado (...) el ataque de varios hombres a policías”, para la corresponsal no es el policía el que mata, el policía es la víctima; cuando agrega que el policía “sacó su arma de dotación, dispara en varias ocasiones”, ¿hacia dónde dispara?, ¿hacia el aire?, ¿hacia la tierra?, ¿hacia la nada?, ¿el menor murió porque una bala le llovió del cielo?, para la periodista es más importante dejar claro que el arma es legal y de dotación y no que el uniformado cometió un delito y quedó grabado; y cuando finaliza con “el hombre, que según las investigaciones era de origen venezolano, murió”, esta declaración de la periodista, sin ninguna prueba, sin ningún sustento, sin ninguna “investigación”, apelando a incentivar la xenofobia como excusa para menospreciar la vida, si bien dudo sea ilegal, es cuando mínimo perversa o miserable.

Estamos asistiendo a una crisis en la historia colombiana, un episodio nacional en el que la fuerza pública, en especial la Policía, está absolutamente salida de control y en el que algunos de sus integrantes están actuando como banda criminal. Un momento así requiere que la prensa —y digo prensa en sentido general— esté a la altura de la defensa de la ciudadanía inerme, que sea vanguardia de la información veraz y la democracia, y no que actúe con complicidad ante la barbarie. Y que periodistas como estas de RCN y Caracol, al menos mientras pasa la crisis, apaguen sus micrófonos, se quiten los tacones o los mocasines, y guarden su cartón.

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