Por: Columnista invitado

La conexión

Por Pablo Leyva

Con la cercanía de las elecciones parlamentarias y presidenciales y la posible revocatoria de Peñalosa, el alcalde publicita sus “logros”. Iniciativas dispersas ocultan una de las prioridades: expandir la urbanización de Bogotá sobre la Sabana y arrastrar en el proceso a otros municipios.

El Transmilenio por la Séptima es una decisión del alcalde que sorprende incluso a algunos de sus seguidores. Es urgente intervenir la Séptima hasta el puente del Común; su abandono y deterioro son lamentables. Pero se requiere hacerlo de forma delicada y futurista para que la ciudad y la Sabana no pierdan carácter, no se desnaturalicen y se respeten el paisaje, el agua, los geoecosistemas y sus valores históricos y culturales. Así, la intervención sería un ejemplo del desarrollo ambientalmente sostenible que requieren la ciudad y el país. El Transmilenio por la Séptima obedece a una razón que reveló la directora de Camacol Bogotá a El Espectador: “… este proyecto es la conexión entre el centro y el norte de la ciudad, articulándose además con el futuro desarrollo de Lagos de Torca, que será de gran impacto para el urbanismo de la ciudad”. Para lograr el “impacto” están además la ALO, la autopista y muchas vías que cruzarán el norte, reforzadas con la media línea de un metro que no solucionará el problema de movilidad y, como afirma el concejal Flórez, fue una decisión política con soportes técnicos muy pobres y señales alarmantes de costos crecientes; servirá de alimentador del Transmilenio y no al contrario.

Estas obras harán factible Lagos de Torca, una ciudad de 500.000 habitantes que articulará Bogotá con Chía, municipio que urbaniza la Sabana, permite construcciones en la confluencia de la Séptima con autopista y torres universitarias sobre los meandros del río Bogotá y el puente del Común. De paso se hará trizas la Van der Hammen.

Con esto, los indicadores de espacio público se desmejoran. Para mantenerlos en apariencia la Alcaldía hizo cambios en la legislación sobre los humedales, adelantó consultas sobre la posibilidad de declarar urbanos los cerros y planea aprovechar el embalse de San Rafael para intervenir estas áreas y que sirvan como “parques urbanos”.

El impacto ambiental, social, económico, financiero y territorial de las macrointervenciones (vías, metro, Transmilenio, Lagos de Torca) sobre la capital, la Sabana y el país contribuye al caos, condiciona el futuro y le quita sentido al POT como marco de referencia para la planeación a largo plazo. El alto Gobierno y entidades del Estado nacionales y regionales deberían evaluarlo. Las grandes ciudades del planeta como Bogotá contribuyen notablemente al cambio climático; su huella ecológica es muy importante y la materia y energía que demandan son considerables. Por eso, se espera de estas ciudades un gran esfuerzo para mitigar los impactos. Bogotá necesita parar su crecimiento y reorientar prioridades con visión de país. Con amplia participación de la comunidad, verazmente informada, se necesita replantear la organización administrativa de Bogotá-Sabana y la forma de gobierno de Bogotá. El asunto exige más que el simple cambio del alcalde.

 

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