La Constitución de las mujeres

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El fin de semana Chile votó sí al plebiscito para conformar una asamblea constituyente que redacte una nueva Constitución. La Constitución actual fue redactada en plena dictadura con una mirada conservadora y bajísima participación popular. El plebiscito es histórico porque se hizo por demanda de la ciudadanía, no en respuesta a la iniciativa de un gobierno o de las élites políticas. La Convención Constituyente que elaborará la nueva Constitución estará conformada por 155 ciudadanas y ciudadanos elegidos por voto popular; las mujeres tendrán que ocupar entre el 45 % y el 55 % de la Convención y también las cuotas especiales para integrantes de pueblos originarios, logrando la primera asamblea constituyente paritaria del mundo.

Esto significa que por primera vez existe la posibilidad de una Constitución feminista en el mundo. Verónica Latorre, una de las integrantes de la Mesa de Acción por el Aborto en Chile, cuenta cómo se vería algo así: “Que todos los tratados internacionales tengan un rango constitucional, tratados de derechos humanos, la CEDAW, Belém do Pará. Tienen que tener un rango constitucional para que sean exigibles al Estado. Por otro lado, que los derechos fundamentales sean consagrados y colectivos, derechos a la salud, sociales, culturales, económicos, y dentro del derecho a la salud que estén los derechos sexuales y reproductivos. Esa es una lucha que tenemos que dar, también que el Estado tenga garantías de ser laico y que reconozca la vida desde el nacimiento y no desde la concepción”.

El camino a esta Constituyente ha sido feminista y popular. Comenzó cuando el 18 de octubre de 2019 un grupo de mujeres jóvenes empezaron a saltarse los torniquetes del metro en protesta por el aumento del pasaje, en particular, y en general para protestar contra un sistema neoliberal que no es garantista de derechos y que solo aumenta la desigualdad social. La protesta era también contra la privatización de los servicios y por la falta de garantías con las pensiones, medidas que se han hecho populares en otros países de la región. El problema de fondo es un Estado que, como lo dijeron desde el grupo feminista Las Tesis, es “opresor” como un “macho violador”.

Chile se convirtió en un referente de la protesta social, con movimientos populares y no jerárquicos que a fuerza de resistencia en un año lograron la posibilidad de una nueva Constitución. El movimiento estudiantil y los movimientos feministas fueron claves para mantener las protestas y las exigencias sociales. Y esa ola de protestas en Chile tuvo un impacto en toda Latinoamérica. Por ejemplo, fueron un referente obligado para las manifestaciones del paro nacional en Colombia.

Después de décadas de estigmatización, en Colombia casi que dejamos de creer en la protesta social. La firma del Acuerdo de Paz, sin embargo, nos ha permitido entender, poco a poco, su papel fundamental en una democracia. Cuando volvamos a escuchar que salir a protestar —con todas las acciones simbólicas que esto conlleva, desde las arengas y la música hasta los grafitis y vidrios rotos— es una pérdida de tiempo o una forma de expresión “peligrosa”, “ociosa” o “radical”, recordemos que en Chile todo comenzó con unas chicas jóvenes que decidieron que no iban a “seguir las formas” y que su derecho a protestar era más importante que el de la propiedad o las buenas maneras. Tenemos ante nuestros ojos el mejor ejemplo de lo inmensamente poderosa y necesaria que es la protesta social.

@Catalinapordios

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