Por: Luis I. Sandoval M.

La vía constituyente

Lamentable lo ocurrido en el Congreso de la República al final del fast track sobre temas claves de la implementación de los acuerdos de paz. Se deforma la Justicia Especial para la Paz, se niega la reforma política y quedan en vilo las circunscripciones de paz diseñadas para favorecer regiones remotas y darles voz a las víctimas en el escenario de la representación política.

En el fondo los portavoces del viejo orden político reducen el alcance de la JEP, dejan aflorar una actitud vengativa frente a los excombatientes guerrilleros, al tiempo que dificultan su tránsito al ejercicio de la política y cierran las vías de la apertura democrática. Se precaven así contra cualquier modificación de la estructura de poder imperante.

Existen distintas apreciaciones sobre el porcentaje y el alcance de los pasos dados hasta ahora en materia de implementación normativa de los acuerdos finales de paz suscritos entre el Gobierno Santos y las Farc-Ep hace un año. La discusión no puede reducirse al juego retórico sobre el vaso medio lleno o medio vacío. El hecho protuberante es que existe una resistencia enorme en los espacios de la dirigencia política para que se produzca un efectivo tránsito de la paz negativa a la paz positiva.

Humberto de la Calle ha dicho que esa actitud de desarmar una guerrilla para luego incumplir los acuerdos suscritos con ella es un acto de perfidia. Sergio Jaramillo a fines de diciembre pasado no ocultó sus sospechas de que la clase política tradicional no iba a estar a la altura del compromiso de la paz. En esta columna he observado que el riesgo de que los acuerdos sean hechos trizas radica en que la ética política ya está hecha trizas. Contrariar el principio “pacta sunt servanda” solo es posible en un contexto de bancarrota moral de los más connotados detentadores del poder público.    

La situación que acabo de describir comienza a tener una respuesta en diversos espacios políticos, académicos y sociales. La paz imperfecta cuya construcción inicia el país no puede ser burlada. Es ahora cuando se requiere la presencia de un potente movimiento de paz que, con la bandera de la defensa de la vida en alto, le abra camino a un efectivo y auténtico proceso constituyente. 

La Asamblea Nacional de Redepaz, culminación del proceso de reparación colectiva en clave constituyente, trató el tema con especial énfasis en su parte final. La Asamblea redepacina se realizó el fin de semana con la presencia de 450 participantes de todo el país. Voces se oyen desde el nuevo partido, Fuerza Alternativa, en la misma dirección. 

Hace rato se tiene asumido y todos los días se comprueba que el camino de la paz es el diálogo. El país necesita adentrarse en un diálogo de sentido y alcance constituyente por iniciativa del movimiento social de paz. Antes que en el rito asambleario hay que pensar en la constitución del sujeto político que sea capaz de desatar una dinámica que asegure el avance democrático de la nación. El proceso de Quito con el Eln, tan enfático en la participación, también necesita apuntar al horizonte constituyente.

El pueblo vuelve a la escena conceptual y política. La paz es una construcción de los pueblos y sociedades que maduran en el tratamiento sus conflictos. Definitivo que el país asegure en 2018 un gobierno para la paz, la transparencia y la equidad, un gobierno para la vida. Estos son algunos de los temas que se tratan en mi libro La paz naciente que aparece precisamente esta semana. Estoy convencido de que el país necesita recorrer la vía constituyente.

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