Por: Armando Montenegro

La Constituyente de Maduro

Acosado por las manifestaciones multitudinarias, las protestas y el rechazo de los gobiernos democráticos del mundo, Nicolás Maduro acaba de expedir un decreto que convoca una Asamblea Nacional Constituyente y establece la forma de elegir a sus delegados.

Maduro definió que habrá 540 “asambleístas”, divididos en dos grandes grupos. El primero, con un origen corporativista, representará el “ámbito sectorial” de Venezuela, a través de los voceros de estudiantes, comunas, trabajadores, pensionados, empresarios, discapacitados, campesinos y pescadores. Como estos voceros no pueden elegirse por medio de votaciones abiertas, será el Consejo Nacional Electoral, un órgano de bolsillo de Maduro, el que determine quiénes serán los delegados de esos sectores. Se considera que este primer grupo, en bloque, será controlado por Maduro (el corporativismo constituyente del régimen bolivariano es semejante al que propusieron las Farc en La Habana y al que promovieron los ultraconservadores colombianos en la mitad del siglo XX, a imagen y semejanza de los modelos nazis y fascistas).

El segundo grupo, de 364 asambleístas, representará principalmente a los municipios, a razón de uno por cada ente territorial, sin ninguna consideración por el tamaño de su población. Distintos observadores han anotado que, con esta decisión, Maduro quiere impedir que los estados y, sobre todo, las grandes ciudades, donde la oposición es fuerte, tengan una representación adecuada en su asamblea. Se trata de que los pequeños municipios rurales, donde el chavismo es dominante, estén sobrerrepresentados.

Con estas medidas está asegurado que no habrá una vocería de movimientos nacionales en la Asamblea Constituyente y que los líderes de la oposición no podrán llegar a ella.

La oposición, al conocer este decreto, denunció, con buenas razones, que su expedición no es más que una maniobra para borrar los escasos espacios democráticos que subsisten en Venezuela para que la camarilla de Maduro pueda perpetuarse en el poder. Maduro, por su parte, con su habitual retórica, señaló que la disyuntiva es la violencia o la Constituyente. Lo que pasa en las calles, sin embargo, nos hace pensar que lo que viene es, con seguridad, más violencia y, tal vez, la Constituyente.

Maduro ha ordenado que la Asamblea Constituyente funcione en el Palacio Legislativo, la misma sede de la Asamblea Legislativa que hoy controla la oposición por mandato de la mayoría de los venezolanos. Se trata de desplazar físicamente al legítimo Poder Legislativo de ese país. El resto es previsible. La Constituyente se declarará con plenos poderes, clausurará la Asamblea Legislativa, aplazará las elecciones presidenciales y decretará la reelección del régimen que controlan Maduro y sus cómplices. Se creará en Venezuela un duplicado del régimen cubano que hoy ya tiene en sus manos buena parte de los hilos políticos del gobierno bolivariano.

El debate presidencial colombiano de los próximos meses se desarrollará en medio de la agudización de la crisis y las crecientes evidencias del padecimiento del pueblo de Venezuela. Los distintos candidatos, sobre todo los que han sido voceros y defensores de oficio de los gobiernos de Chávez y Maduro, deben manifestar su posición frente a esta tragedia y sus inevitables consecuencias sobre la economía y los problemas sociales en nuestro país.

 

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