Por: Elisabeth Ungar Bleier

La construcción colectiva del posconflicto

A pocas semanas de asumir su segundo período presidencial, Juan Manuel Santos enfrenta grandes desafíos.

 Quizás el más importante es crear las condiciones para la construcción colectiva del posconflicto y de consensos básicos en torno a temas centrales para su consolidación. Además de los que ya han sido acordados en La Habana, y de los que aún están en proceso de discusión, hay otros que requieren atención prioritaria, como son la educación y la salud, las reformas política y a la justicia, la lucha contra la corrupción y combatir la desigualdad.

Esto requiere involucrar en el proceso a sectores muy diversos. No solamente a quienes votaron por Santos por afinidades o conveniencias políticas, sino a quienes lo hicieron como un claro apoyo al proceso de paz, pero dejando sentadas sus diferencias de fondo con muchas de las políticas del cuatrienio que termina. También a sectores políticos y sociales que no lo apoyaron, pero que son fundamentales para consolidar este objetivo. Esto lo dijo el presidente en su discurso después de las elecciones y los colombianos tenemos el derecho de exigir que así sea.

Crear consensos no significa imponer, ni aspirar al unanimismo, y mucho menos invisibilizar o estigmatizar a quienes piensan diferente. Pero tampoco debe entenderse como una forma de satisfacer a todo el mundo, sacrificando valores y principios fundamentales. Y este es otro gran desafío, que comienza con la conformación del primer gabinete y el nombramiento de los funcionarios, consejeros presidenciales y secretarios que van a tener a su cargo orientar el diseño y la implementación de las políticas públicas que deben constituir el eje del nuevo plan de desarrollo. Éstas deben responder a criterios incluyentes, pluralistas, que tomen en consideración las realidades y necesidades de las regiones y las opiniones de los ciudadanos. Los miembros del nuevo equipo de gobierno deben ser escogidos respondiendo a las más altas calidades técnicas, generar credibilidad y tener voluntad política. Milimetría política son dos palabras que no deberían pronunciarse al momento de definir a quienes van a acompañar al presidente en esta etapa fundamental para alcanzar la paz.

Promover y garantizar la participación social y política de los ciudadanos en todos estos procesos es un segundo desafío. Poco se lograría si la toma de decisiones se circunscribe a unos círculos cerrados, centralizados y tecnocráticos. Si no se reforma el sistema electoral, para que el voto recupere su valor como instrumento central de la democracia representativa, complemento indispensable de la democracia participativa. Y si no se crean las condiciones para el ejercicio de la oposición, que va desde el control político hasta tener la posibilidad de convertirse en alternativa de poder y de ejercerlo. Finalmente, la sociedad del posconflicto no se construye desde el centro. Por eso, contrario a lo que algunos pregonan y desean, antes que debilitar el proceso de descentralización, lo que se debe buscar es su fortalecimiento. Y este es otro reto.

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