Por: Nicolás Rodríguez

La copia en la copia de la copia

Pensar en hacer un elogio del plagio ya es, evidentemente, una idea nada original.

Como siempre, basta con ir a la red en donde el mundo de los derechos de autor pocas veces es respetado. Uno podría pensar que las ideas, con ligeras variaciones,  son siempre las mismas.  O que hay quienes las toman prestadas, acaso sin permiso, para fines nobles y duraderos. Como sea, el plagio está sobrevalorado.

El turno de la semana pasada fue para Julio Cesar Londoño, excelente columnista de este diario que osó retomar algunas fórmulas bíblicas, como en tantos y tan variados contextos se ha hecho, para ridiculizar, en este caso, sus prédicas homofóbicas.  Si se le fue la mano o no a la hora de utilizar, al pie de la letra, varias fórmulas humorísticas es algo sobre lo que, probablemente, él mismo escribirá.  Pero que no sea esta otra razón para volver a los insufribles deseos de ver servida la cabeza del columnista y el editor en una bandeja de plata.

No faltará, de hecho, el columnista que se arroja el poder de defender la honra y buen nombre de la opinión como género periodístico. En esto ya hay hipocresía, pura y dura. Porque si algo define a la opinión es su carácter circular. Y los columnistas, que practican y conocen a fondo el oficio (pero también beben por lo general de las mismas fuentes) saben lo poco novedosos que pueden ser sus textos.

Al final de cuentas las columnas, cuando no tienen el valor agregado del reportaje o la investigación (tipo Molano o Coronell), permiten, a lo sumo, que los lectores consideremos asumir una posición. Y no se necesitan, sobra decirlo, grandes dosis de originalidad para conseguirlo. Por lo demás, ya lo pensó Jean-Luc Godard (y con seguridad que antes de él muchos más), lo importante no es de dónde se sacan las cosas, sino a dónde se llevan.

Tal y como lo hizo Londoño en su columna para defender los derechos de los homosexuales, no obstante el haber sido completamente malinterpretado en el foro virtual.  Y ese, el de la lectura a medias, sí que es un tema sobre el que bien vale la pena una discusión.

nicolasidarraga@elespectador.com

 

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