Por: Columnista invitado

La Corte Constitucional: filigrana escrupulosa

El fallo de la corte constitucional sobre sobre la adopción en parejas homosexuales no es un triunfo del conservadurismo en Colombia, es la evidencia de que, en pleno siglo XXI, la apariencia, la superficie, triunfa sobre la profundidad y el sentido universal.

 Las ideologías recalcitrantes le han hecho mucho daño a la conciencia de la humanidad. Hubo un ejemplo que recientemente llamó mi atención, lo encontré en un video de la BBC (1991), donde se cuenta la manera como los españoles, durante el siglo XVII, le declararon la guerra a los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, por la suposición de su sodomía. Quien ha subido a Ciudad Perdida y entiende algo de la cultura Kogi o Arhuaca, sabrá que esa es una de las más imposibles acusaciones contra los indígenas.

Y esos ejemplos, que abundan en la historia, parece que hoy se revisten de la patraña minimalista, de la filigrana formal, para perpetuar sus intenciones... ahora no se viene encima un ejército asesino en contra de la idea, asesinando y arrasando todo lo que encuentra (expoliación, genocidio, matanza); no, ahora salen cerebros ultra lúcidos, que con un tecnicismo, destruyen la necesidad del cambio.

Es el caso de la sugerencia que hizo Viviane Morales, en entrevistas para diferentes medios, declarando que el hecho de adoptar no es un derecho. Inmediatamente, la procuraduría, otra institución dedicada a esconder ideologías tras artilugios legales, siguió la idea de la congresista y sugirió a la Corte no pronunciarse a favor de la adopción, pues al no ser un derecho, no se está cometiendo ninguna clase de discriminación.

Un argumento hermosamente academicista, que esconde una intención particular, grupal, pero también de minoría: evitar la profundidad de una sociedad diferenciada gracias a un formalismo legal superficial y/o conceptual... filigrana escrupulosa que detiene el desarrollo.

¿Puede un formalismo atacar la profundidad del contenido? ¿Puede la superficie detener la fuerza de la profundidad? La modernidad en Colombia se encuentra detenida porque el peso de lo establecido cubre con improntas superficiales y elegantes, muy inteligentes por cierto, los latientes deseos de una transformación.

Quién sabe con cuántos casos, muy trascendentales para Colombia, ocurran estos artilugios: muy seguramente sucederá lo mismo con la ya anunciada condena del coronel Plazas Vegas, quien está a punto de ser absuelto a falta de “pruebas documentales”; o lo mismo con el buen número de altos mandos del ejército, investigados, hoy en día, por desapariciones forzadas y homicidios; o yendo más allá, con las investigaciones de las infiltraciones ilegales, las cuales empañan el proceder de congresistas ex presidentes, excandidatos y ex funcionarios públicos.

Por todo lo anterior, es muy ingenuo creer que esta es una batalla ganada por la derecha colombiana (empezando porque ni si quiera existe tal batalla). Es, mejor, la ratificación de una sociedad muy compleja que busca retruécanos y trabas para que sus “pilares” no se vean afectados.

Si bien ya se ha ganado mucho en enfrentar los temas y sacarlos al debate público, ahora la tarea es protegerlos de esas inteligencias inútiles que confunden la forma con el contenido.

 

Por: Andrey Porras

 

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