Por: César Rodríguez Garavito

La Corte y la paz minimalista

Más que el fin del acuerdo con las Farc, el infortunado fallo de la Corte Constitucional sobre el fast track puede significar una paz minimalista. Puesto en términos matemáticos, sería la paz del mínimo común denominador entre las tres visiones del conflicto y el posconflicto que dividen la política y la sociedad colombianas.

La primera es una visión robusta, que concibió el acuerdo no solo como un medio para que las Farc abandonen la guerra, sino como la ocasión de hacer reformas largamente aplazadas. No son reformas para implantar el socialismo del siglo XXI. Son para construir el Estado moderno del siglo XIX. Un Estado que tenga un mapa y un catastro completo de su territorio; que haga presencia en las regiones periféricas; que no esté capturado por la corrupción pública y privada. El Estado que las élites colombianas no han querido a lo largo de la historia, como dijo James Robinson en estas páginas.

La segunda es la visión de la paz como el fin de las Farc. En esta concepción minimalista, el acuerdo se reduce a la justicia transicional y la desmovilización y entrega de las armas: lo estrictamente indispensable para que las Farc desaparezcan como grupo armado.

La tercera visión es la de la paz como victoria militar sobre la guerrilla. Más que una interpretación del acuerdo de La Habana, consiste en “hacerlo trizas”, como dijo Fernando Londoño, transparentando la posición del Centro Democrático.

¿Por qué digo que la Corte, quizás sin quererlo o anticiparlo, termina avalando la segunda posición? Por un cálculo político realista, que ya entró a operar en el Congreso. El Centro Democrático será coherente con su posición: con la excusa de cumplir el fallo de la Corte, que permite a los congresistas modificar los proyectos de ley sobre la paz siempre que sean consonantes con el acuerdo, en realidad lo incumplirá presentando toda suerte de enmiendas y proposiciones que desmonten lo pactado en La Habana.

Entre tanto, el fallo continuará ahondando las grietas de la Unidad Nacional que salieron a flote tras el plebiscito. Cambio Radical y algunos sectores de la U, el conservatismo y el liberalismo buscarían diluir las reformas más promisorias del acuerdo –en asuntos como la reforma agraria, el sistema político y la política de drogas— mediante enmiendas y trabas que impongan su visión minimalista de la paz.

Los sectores del Gobierno y del Congreso que promueven una visión más robusta de la paz quedarían en la minoría. Es más: anticipando las objeciones de los minimalistas, el Gobierno probablemente diluirá de antemano el contenido de los proyectos de ley para lograr su aprobación en el Congreso. Apuntándole al mínimo común denominador, incluso reduciría el alcance de los decretos de implementación, como lo hizo esta semana con el decreto ley sobre reforma rural integral, que modificó a última hora.

Quisiera estar equivocado y guardo la esperanza de una movilización ciudadana que altere el cálculo político. Pero es difícil alegar con la aritmética de la política pura y dura. Si en el momento de la firma de la paz se hablaba del mejor acuerdo posible, las cuentas actuales indican que se impondría el mínimo acuerdo pasable.

* Director de Dejusticia. @CesaRodriGaravi

 

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