Por: Cristo García Tapia

La Costa no es Cataluña

La costa Atlántica colombiana, región Caribe, sita en el norte de la Republica de Colombia, está conformada por siete departamentos, incluido entre ellos San Andrés y Providencia, territorio insular en el mar Caribe.

Su aporte al PIB nacional equivale al 15% del total país, en tanto su población al 22%, y su territorio al 11,6%, para conformar en su conjunto una región caracterizada por desiguales niveles de desarrollo social en sus componentes básicos, al igual que en su aparato productivo y económico.

Lo cual no quiere decir que, por esos desequilibrios en aspectos determinantes de las dinámicas económicas y su incidencia en lo social y humano que traen aparejados desarrollo y progreso, no haya potencialidades y expectativas en áreas claramente identificadas de aquellos, capaces de generar avances y logros positivos.

Son los menos, desde luego, pero ahí siguen en estado de latencia, aguardando por el catalizador que acelere las reacciones y procesos en suspenso.

Esperando, más que por una autonomía regional, un partido del Caribe, un aparato burocrático paralelo para el manejo de la administración pública, la mermelada y la corrupción galopante que destaca en la Costa, clamando de sus líderes, dirigentes, gobernantes, clase política, por una gestión transparente, efectiva, oportuna y eficiente, de los recursos que demanda este territorio para reivindicar los desequilibrios de variada naturaleza que mantienen maniatado y en letargo su crecimiento, desarrollo y destino histórico.

Ahora, como si tal no fuera  el mismo hechizo con distinto nombre para el redivivo oportunismo del cual se han servido los taumaturgos de constituyentes, voto Caribe, autonomía, región, viene a presentarse a los costeños el último invento de los alquimistas de la falaz autonomía regional, siempre en trance de elección: la RAP.

Nada nuevo  bajo el sol de este Caribe, a cuyo abrigo medran los más protervos intereses y fines.

Y  si de la RET, otro voquible en boga del discurso autonómico, no venga a creerse que es algo novedoso. Son herramientas, “instrumentos para la dinamización del desarrollo regional con una perspectiva territorial”, así las llaman los paladines autonomistas de nuevo cuño, que existen de vieja data en Planeación Nacional y en ministerios y agencias estatales, para la gestión de recursos y apoyos para las regiones.

Siempre han cumplido esa función, cosa distinta es que nunca se les haya demandado efectividad, recursos y operatividad en función de la Costa, de sus territorios, por parte de quienes en su condición de administradores, gobernantes, legisladores, deberían hacerlo solícitos.  

Lo demás es populismo, autonomismo sin peso; oportunismo electorero, cuyos opíparos frutos estarán madurando justo para la  siega de la elección de presidente, en la cual a la Costa  le cabe el espurio honor de definir electoralmente quien es el presidente, más no cuales son las políticas de Estado más convenientes para demandar solución a sus precariedades y a la deuda social insoluta de la nación con la región.

Eso de predicar que con la RAP, la RET, el FDR, la Costa ahora sí va a obtener mayor cantidad de recursos, competencias, obligaciones y responsabilidades “mucho más claras”, no es tal, y sí un atajo para el manejo directo de los mismos recursos del SGP y  del SGR, por los herederos supérstites de quienes en su condición de intermediarios de esos presupuestos y rentas en sus jurisdicciones y poderes, hicieron uso indebido de los mismos y hoy son sujetos de delitos contra la administración pública, reos de la justicia o huidizos de la misma.

O que con la RAP sí se hará efectivo el traslado del 46% de las transferencias que por mandato de la Constitución Nacional corresponde a la Costa, tampoco pasa de ser otro artificio del populismo autonomista, puesto que sí no hay voluntad y compromiso permanente de gestión de quienes en los diferentes escenarios nacionales representan al territorio, todo va a empeorar con la nueva burocracia que se multiplicará por tres o cuatro para administrar el mismo presupuesto.

En tanto, ni la Costa es Cataluña. Ni Verano, gobernador del Atlántico, es Puigdemont, presidente de la Generalitat de Cataluña.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

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