Por: Columnista invitado

La costosa derrota del día ‘D’

Petro siempre tuvo in pectore recontratar a los operadores privados, quizá con algunas excepciones, descalificadas por razones políticas.

Los hechos del 21 de noviembre, desatados por la inspección de la Superindustria, lo llevaron a guarecerse en el discurso de “lo público”, mezclado con el de “basuras-cero” y el reciclaje. Luego del encuentro con Santos insistió más en el modelo ambiental, agregando que el Acueducto tendría listo el operativo en un 95% para el 18 de diciembre.

Ratificó que en su modelo cabían “privados” o aun “particulares poderosos”, pero a la vez anunciaba flotas de compactadores que venían de Nueva York y adjudicaba una licitación por $80 mil millones para adquirir otros. Las señales eran tan equívocas que todos los organismos de control exigieron definir claramente las nuevas reglas del servicio.

De los preparativos conocidos para el día ‘D’ se sabía de los uniformados “recuperadores ambientales”, cuatro centenares de volquetas y personas contratadas a término fijo y sin derecho a la convención colectiva laboral del Acueducto. Para ello se echó mano de la filial Aguas de Bogotá, declarada inviable por la Contraloría desde hace rato. También la EAAB (el domingo 16 de diciembre) dio a conocer nuevas tarifas de aseo por suscriptor/mes, que, con respecto a las vigentes en noviembre, son 42% más caras para los estratos uno, dos y tres.

Y llegó el día ‘D’. Entre los regueros de bolsas con residuos por muchas zonas, lo más patético fue ver a las cuadrillas de trabajadores haciendo toda clase de esfuerzos inhumanos para llenar las volquetas de basuras mientras el acumulado cada vez es mayor, puesto que son necesarias tres volquetas para reemplazar un compactador. Tal montaje carecía de la planeación rigurosa que requiere. No había un plan.

Al escribir estas líneas se ha suscrito un contrato con Ciudad Limpia y se aprestan a hacerlo Aseo Capital y Lime. El modelo terminó convertido en un “híbrido”, donde “lo público” será “transitorio” y lo privado permanente.
El alcalde echó un pulso donde “lo público” o fue un truco para negociar un contrato, o una mano fallida por no hacer las cosas debidamente; por ahora, quedó aplazado y la ciudadanía pagará los costos de la aventura y los onerosos términos de los nuevos contratos.

* Aurelio Suárez

 

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