Por: Paloma Valencia Laserna

La crisis conservadora

El Partido Conservador necesita restablecerse dentro del nuevo contexto político: resurgen los liberales mientras los conservadores viven una dura crisis ética e ideológica.

Durante el gobierno Uribe los conservadores estaban bien ubicados y las políticas que profesaba el gobierno parecían agradar a la dirigencia azul y a su militancia; pero una vez elegido Santos el escenario se transformó. El Presidente está comprometido con la reunificación liberal por lo que ha privilegiado a los rojos que llevaban mucho tiempo fuera del poder y los conservadores han ido perdiendo espacios burocráticos y políticos. No puede haber mucha crítica por parte de los azules, ambos partidos llegaron al mismo tiempo a darle apoyo a Santos: la segunda vuelta. En medio de un gobierno de tintes liberales, la dirigencia conservadora ha sido señalada por escándalos de corrupción de gran magnitud, según lo describe la prensa: adjudicación de Notarías y de bienes de estupefacientes –moteles incluso- a parientes y testaferros de los parlamentarios.

En medio del naufragio esa misma dirigencia tachada decidió distraer la opinión con una agenda moralizante que recae sobre los debates modernos más importantes: los derechos patrimoniales de las parejas gay, el aborto y el uso de drogas. Sabemos que es una estrategia habilidosa, pues esos temas nunca han ocupado la discusión del Partido en los últimos años y además, es notorio que el Partido abandonó –desde hace un tiempo- su misión de hacer propuestas legislativas tendientes a solucionar los grandes temas nacionales. Acudir, entonces, a los asuntos que exaltan la opinión en un debate que es más transnacional que interno, se convierte en una manera de desviar la atención de sus propios escándalos. El Partido Conservador es amigo de la Iglesia y valora sus lineamientos, pero otra cosa es que desee convertirse en evangelizador que obligue a los otros a seguirlos. En estos debates no estamos discutiendo la moral de las personas, sino de la sociedad. Aquello exigible por las autoridades civiles, no es lo mismo que pueden y deben exigir las autoridades religiosas. En general, la responsabilidad legal es la mínima para la convivencia social; en tanto que de ahí en adelante cada individuo responde ante la religión, los gremios, la sociedad, sus convicciones y su conciencia. Es así como muchos conservadores, incluso católicos, no están de acuerdo con la habilidosa “cruzada” moralizante, pues consideran aquellos temas de la estricta orbita moral del sujeto.

Lo que es más, muchos conservadores consideran inaceptable que sean parlamentarios inmersos en escándalos de corrupción quienes pretenden presentarse como los moralizadores de la Patria. La dirigencia de los partidos debe ser limpia; así como se exige que los candidatos no tengan investigaciones y gocen de buena salud ética, es fundamental que quienes dirigen las organizaciones políticas, encargados de otorgar avales y dar apoyos políticos a nombre de un colectivo de ciudadanos, y manejar los recursos públicos otorgados a los partidos, la tengan también. Lo contrario es invertir la escala de valores y aceptar que una vez elegidos a los políticos se les exige menos que a los aspirantes y lo que es peor, que a los directivos se les tolera más que a quienes no lo son. La regla es y debe ser: mayores honores, mayores exigencias éticas. Las dignidades no son para quienes con su conducta las deshonran.

Las reformas de los partidos buscaban hacerlos más fuertes; ahora tenemos partidos herméticos que no pertenecen a los militantes sino a los parlamentarios y a quienes con ellos manipulan la maquinaria política para ser reelegidos en la dirigencia. Es así como los partidos se convirtieron en simples organizaciones de parlamentarios, financiadas por el Estado, que no atienden al sentir de sus fuerzas ni responden al querer democrático. ¿Qué destino puede tener la política en Colombia?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Paloma Valencia Laserna

De la opinión política a la acción política

Se le salió de las manos

Santos compra franquicia