La crisis de EPM

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Desde hace tiempo, bastante antes de las últimas elecciones municipales, se había señalado que el futuro de EPM corría riesgos por la debilidad de su gobierno corporativo. Su administración, dirección y capacidad profesional no estaban protegidas de los vaivenes del proceso electoral y su tecnocracia era vulnerable a los embates de la política menuda.

No era difícil compartir dicho diagnóstico. Con el tiempo, la gerencia de la empresa se había convertido en una especie de secretaría municipal más, cuya cabeza cambia con el alcalde de turno. El gerente no surge de un proceso de selección como el que se requiere para una de las empresas más importantes de América Latina. Proviene, más bien, del círculo personal de cada mandatario. Se observa, además, que los miembros independientes de su junta directiva no se nombran por períodos fijos y pueden ser removidos en cualquier momento por el alcalde.

 

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