Por: Manuel Drezner

La crisis de la ópera

Existen grandes posibilidades de que la futura temporada del Metropolitan Opera en Nueva York sea cancelada, porque en las conversaciones laborales que tienen lugar entre la empresa y los principales sindicatos de músicos y técnicos no se está llegando a un acuerdo.

El resultado probable será el de una huelga que hará cancelar no solo las representaciones en el teatro, sino también, y como es obvio, las transmisiones por video que se están haciendo a muchas ciudades del mundo.

Las razones de divergencia son muchas, entre ellas la propuesta de la casa de ópera de bajar los sueldos y condiciones de trabajo del personal. Dicen que estos representan un importante porcentaje de los costos, ya que hay tramoyistas y miembros del coro que están ganado casi medio millón de dólares al año y además, por concesiones hechas en épocas mejores, el incremento de costos no permite hacer muchas representaciones. Obviamente los sindicatos no aceptan que se toque un céntimo de sus prerrogativas y dicen que los ahorros deben hacerse no con el personal, sino disminuyendo el número de montajes nuevos y además no contratando solistas tan caros.

El director de la ópera, Gelb, por su parte, ha manifestado que las entradas por las transmisiones de video han llegado a un punto muerto y que mientras antes se podía contar con llenos en la mayoría de las funciones, la asistencia en los últimos años ha disminuido hasta el punto de que solo venden un promedio del 70 por ciento de las butacas. Esto, digo yo, quizá se debe al alza absurda del precio de las localidades, que ya comienzan en más de 200 dólares por persona y son muchos los que no pueden permitirse esto. Además, el Metropolitan entró en la era absurda del eurotrash, donde los directores escénicos creen que pueden hacer lo que se les dé la gana con las pobres óperas, así lo que hacen contradiga los deseos del compositor.

Lo cierto es que es evidente que hay crisis en la ópera, hasta el punto de que casas tan prestigiosas como esta del Metropolitan pueden llegar a cerrar sus puertas. Es una crisis que se resolvería creando nuevos públicos, algo que los promotores de ópera parecen ignorar y evitando derroches. A este respecto cabe recordar que unas flores artificiales que se usaron en un montaje reciente llegaron a costar casi 50 mil dólares. Pero si se tiene en cuenta que la Ópera de la Ciudad de Nueva York se acabó el año pasado en medio de la quiebra financiera, existe el peligro indudable de que una metrópolis tan importante como esta acabe sin temporada de ópera.

 

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