Por: Ana María Cano Posada

La crisis y la esencia

Lucían como niños castigados que prometen corregirse. Inimaginables los líderes del G-20 usando este lenguaje lleno de propósitos de enmienda: la crisis los hizo pensar en algo distinto a sus más inmediatos intereses económicos.

Si llegara a materializarse esta música celestial que se oye bajo los puntos del comunicado de la reunión de abril en Londres (que encaró la crisis como una movida de piso a todos), el mundo podría llegar a creer que va a ser capaz de ser otro.

Esta selección de frases tomadas de las nueve páginas del comunicado firmado por los 20 líderes, exhibe un irreconocible lenguaje transformado. Hasta puede tener razón el ácido analista Carlos Monsiváis cuando dice que la crisis devuelve al origen, a la esencia, consigue que el lenguaje se vuelva transparente.

Oigan lo que dicen los 20…
 
“…La creencia de que la prosperidad es indivisible; que el crecimiento, para que sea constante, tiene que ser compartido…”

“Confiamos en que las acciones que hemos acordado hoy y nuestro compromiso inquebrantable de cooperar para restablecer el crecimiento y el empleo, al tiempo que preservamos la sostenibilidad fiscal, acelerará la vuelta a un crecimiento positivo”.

“Cada uno de nosotros acuerda garantizar unos sistemas reguladores fuertes. Establecer una mayor coherencia y una cooperación sistemática entre países… Fortalecer la regulación y la supervisión para promover el decoro, la integridad y la transparencia”.

“Tomar medidas contra las jurisdicciones no cooperativas, incluidos los paraísos fiscales. Estamos dispuestos a desplegar sanciones”.

“Los nuevos mercados y los países en vías de desarrollo, que han sido el motor del reciente crecimiento mundial, afrontan retos que se suman a la actual recesión. Para la confianza y la recuperación económica es imperativo que sigan recibiendo capital”.

“Estamos decididos no sólo a restaurar el crecimiento, sino también a establecer las bases de una economía mundial justa y sostenible. Reconocemos que la crisis actual tiene un impacto desproporcionado para los más vulnerables en los países pobres y reconocemos nuestra responsabilidad colectiva en mitigar el impacto social de la crisis. Reconocemos la dimensión humana que tiene la crisis. Construiremos un mercado laboral justo y favorable para familias, hombres y mujeres…”

“Llevaremos a cabo una transición hacia tecnologías e infraestructuras limpias, innovadoras, poco contaminantes, que usen eficazmente los recursos”.

“Nos hemos comprometido a trabajar juntos con urgencia y determinación para transformar estas palabras en hechos”.

Puede haber pasado la hora de la retórica, del lenguaje evasivo, de los eufemismos, de la impasibilidad, del cinismo que llevó a dividir este planeta en cuadrantes opuestos entre sí… ¿Será que hay algo de vergüenza por el impresentable resultado del capitalismo flagrante”… ¿Necesitamos la crisis para barajar y volver a dar?. Volver a la esencia para deshacernos de la palabrería que encubre el vacío. Sólo falta transformar estas palabras en hechos.

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