Por: Daniel Pacheco

La crítica nos liberará

Mientras la Segunda Guerra Mundial rugía, Henry Luce estaba preocupado por el futuro del periodismo en su país. Luce era el hombre de medios masivos más importante de EE. UU., el dueño de las revistas Time, Life y Fortune, el llamado “ciudadano privado más influyente de América en sus días”.

No hacía mucho, Luce había visto cómo lo que parecía una prensa libre y robusta en Alemania se había desmoronado bajo el totalitarismo nazi. En EE. UU. había un sentimiento popular hostil hacia el monopolio y el sensacionalismo de los grandes medios. Y en 1942, en medio de la guerra, no eran pocas las presiones del gobierno estadounidense para tener una prensa domesticada. Por eso Luce decidió financiar una comisión de notables, liderada por el entonces presidente de la U. de Chicago, Robert Hutchins, “para indagar el estado actual y el futuro de la libertad de prensa”. Más de cuatro años después, en 1947, Hutchins produjo el documento “Una prensa libre y responsable”, mejor conocido como el documento de la Comisión Hutchins.

Esta historia cobra especial relevancia hoy en Colombia, cuando estamos también saliendo de un conflicto. En abril de 2016, ya con plebiscito a la vista, por primera vez en los 17 años desde que Gallup hace su medición de percepción ciudadana, los medios de comunicación obtuvieron una opinión desfavorable (53 %) mayor que la favorable (48 %). La tendencia desde entonces sube y baja, va y viene. En la última medición de agosto de este año es de 53 % favorable y 46 % desfavorable. Esto debería poner a sonar alarmas.

Porque fue una situación similar en los 40 en EE. UU. la que llevó a la Comisión Hutchins a advertir: “Aquellos que dirigen la maquinaria de la prensa han incurrido ocasionalmente en prácticas que la sociedad condena, y que, si continúan, llevarán inevitablemente a esa sociedad a regularla o controlarla”.

“¿Qué puede hacer la prensa al respecto?”, se preguntó la comisión. Rescato acá la tercera de cinco recomendaciones, especialmente pertinente para Colombia: “Recomendamos que los miembros de la prensa entablen una vigorosa crítica mutua. No se alcanzarán estándares profesionales mientras que los errores (…) cometidos por unidades de la prensa sean obviados en silencio por otros miembros de la profesión. Hemos reiterado nuestro deseo de que el poder del gobierno no sea invocado para castigar las aberraciones de la prensa. Si la prensa va a ser responsable —y debe serlo para seguir siendo libre—, sus miembros se tienen que disciplinar unos a los otros por el único medio disponible, a saber, la crítica pública”.

Esto no suena como algo del otro mundo. La comisión misma parece burlarse de sus recomendaciones al decir que “lo más sorprendente de ellas es que nada más sorprendente haya podido ser propuesto”. Pero entonces sorpréndanse y alármense. Porque en Colombia está proscrita la crítica entre medios y periodistas, a riesgo de ser tildados de envidiosos caníbales, en el mejor de los casos.

Esa vieja escuela tiene que cambiar. Por el bien de los medios que recibirán las críticas y la credibilidad por recibirlas, pero no la regulación estatal. Por el bien de los colegas, que serán criticados, pero mejores y más respetados. Y sobre todo por el bien del público colombiano, que merece periodismo responsable, y por lo tanto libre.

@danielpacheco

 

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