Por: César Rodríguez Garavito

La cruzada del procurador contra el medio ambiente

Gracias a los datos enviados por varios lectores, veo que mi columna anterior se quedó corta al criticar la presión que viene ejerciendo la Procuraduría contra los funcionarios públicos que protegen el medio ambiente.

Tarea que debería estar cumpliendo también el procurador, a quien la Constitución le ordena “defender los intereses colectivos, en especial el ambiente”.

En la columna mostraba que la Procuraduría viene haciendo lo contrario. Daba como ejemplo sus intervenciones en el caso de la mina de oro de La Colosa, en Tolima, que busca explotar la empresa AngloGold Ashanti. Al leer los documentos del caso y visitar la zona, es claro que la Procuraduría se ha convertido en el obstáculo principal para las comunidades y autoridades que se oponen a la mina por el profundo impacto que tendría sobre el agua, la agricultura y el medio ambiente. Por ejemplo, viene apoyando los recursos jurídicos de AngloGold contra Cortolima y pidiéndole a ésta que revoque las medidas que ha tomado para evitar los daños ambientales que podrían ocasionar los estudios de suelos de la empresa en el municipio de Piedras.

En todo esto, la Procuraduría ha seguido el patrón de sus actuaciones en otros temas: interpretar las normas en contra de los derechos de los ciudadanos y usar su desbordado poder para intimidar a los funcionarios que los protejan, con la amenaza velada de destitución.

Los datos aportados por los lectores muestran que en este tema se cumple también otro patrón del modus operandi de la Procuraduría: se trata, en realidad, de una cruzada ideológica y personal del procurador.

Apenas un año antes de ser elegido, Ordóñez publicó una diatriba contra el ecologismo que no deja dudas sobre su opinión. En el libro El nuevo derecho, el nuevo orden mundial y la revolución cultural, se despacha contra la ONU y el derecho internacional, incluyendo la protección del medio ambiente. La razón de la crítica es religiosa. Para el hoy procurador, la defensa del medio ambiente significa que “el hombre como centro del mundo ha sido desplazado y reemplazado por la Madre Naturaleza, y hasta ha resurgido el mito pagano de la Diosa Gaia”.

Si le sorprende esta cita, le interesará esta otra, tan diciente que vale la pena traerla completa. “La preocupación ecologista manifestada en la proliferación de ONGS (sic) con ese objetivo y de partidos verdes, no sólo se explican (sic) por la crisis medioambiental sino que responde a la agenda política que diseñó la ONU, para practicar el más ambicioso proyecto de reingeniería social de que se tenga noticia en la historia de la humanidad, sólo comparable con el realizado por POL-POT (sic) en Camboya, la única diferencia es el carácter violento del último, aunque éste con el aborto y la eugenesia también tiñe sus manos con la sangre de los inocentes”.

De modo que la protección del medio ambiente, un deber constitucional de la Procuraduría, es para el procurador una conspiración global contra lo que él representa. Es una reforma contra la que hay que desatar otra contrarreforma, otra cruzada personal de Ordóñez.

Sólo así se entiende, por ejemplo, que el procurador haya enviado recientemente al Ministerio de Ambiente una carta que combina una ferviente defensa de la minería, críticas a las medidas del ministerio para prevenir los daños ambientales que causaría y dudosos argumentos jurídicos sobre “derechos adquiridos” de las empresas. Y remata con recomendaciones que favorecerían los intereses mineros en zonas estratégicas como el páramo de Santurbán.

Como toda cruzada, esta va para largo. Habrá que estar atentos.

* Miembro fundador de Dejusticia.

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