Por: Felipe Jánica

La cultura empresarial, disculpen: personal

Si bien el propósito de los negocios es lograr retorno de inversión para los accionistas, socios o dueños y ahora más que nunca con sus interesados claves o comunidad vinculada (stakeholders) el mejor de los propósitos es que la idea de negocio trascienda y sea realmente diferenciada. Ahora bien, para lograr que un negocio sea perdurable en el tiempo no sólo tiene que tener un pensamiento innovador y de emprendimiento corporativo sino que cuente con un equipo de trabajo y que todos abracen la estrategia. Un equipo de trabajo enfocado en los objetivos de corto, mediano y largo plazo es la clave del éxito. Es por esto que los tomadores de decisiones deben entender que el éxito de las empresas depende de las personas.

Es curioso pensar que existen culturas empresariales. Las culturas de las organizaciones no son más que la suma de la cultura de sus colaboradores. Así pues si quiere tener una cultura innovadora, se debe contar con personas innovadoras. Es por esto que cuando se trata de hacer cambios en las organizaciones y/o motivar un cambio cultural, lo primero que se tiene que hacer es persuadir a sus colaboradores. El cómo hacerlo es realmente lo importante.

En el caso de las organizaciones maduras, es decir que tienen muchos años de experiencia en el mercado, la tarea puede llegar a ser un desafío. Tratar de cambiar la cultura empresarial de una organización puede costar no sólo mucho dinero sino tiempo. En el caso de las organizaciones jóvenes y de los emprendimientos, la tarea podría ser más sencilla, pues la cultura empresarial se va impregnando en la medida que cuenten con más y mejores personas. La tare sin duda es lograr persuadir a los colaboradores en pro de la idea de negocio de las organizaciones pero más allá de ello del propósito del mismo.

Identificar el propósito de las organizaciones es quizá la tarea más importante. Qué tan relevante pueda ser el producto o servicio de una empresa y cómo éste puede coadyuvar a mejorar las necesidades de los clientes y consumidores es la materia prima para la definición de los propósitos de las empresas. Con esto claro el siguiente paso es hacer que todos los colaboradores de las empresas no sólo comprendan el propósito sino que estén de acuerdo y se apasionen con él. Esta es quizá la mejor manera  no sólo de motivar a los colaboradores sino hacerlos sentir parte de algo.

La definición de una planeación estratégica, es decir una que visualice la organización en el largo plazo y con perdurabilidad, será mucho mejor si todos los colaboradores están empoderados y motivados en pro del logro de objetivos tanto de corto, mediano y de largo plazo. La primera tarea antes de definir la planeación estratégica es hacer un inventario de los talentos con que una organización cuenta. Una planeación estratégica no se ejecuta si no se cuenta con los talentos adecuados. No significa esto que las organizaciones deban hacer reclutamientos externos. En lugar de ello, es tarea de los administradores identificar talentos internos y persuadirlos a tomar posiciones incluso diferentes a las que estaban acostumbrados. Lo interesante de este ejercicio es que se puede lograr desafiar a los empleados en pro de su desarrollo interno y de paso en pro de los objetivos de las organizaciones.

Es por esto que me atrevo a decir que las empresas son personas. Cuanto más motivados en pro de los propósitos de negocios más y mejores resultados se lograrán. La tarea, sin lugar a dudas, es saber administrar los talentos y de paso identificar a los empleados tóxicos, es decir esos que sabotean el logro de objetivos. La mejor forma de hacer que todos caminen en la misma dirección es la divulgación del propósito empresarial, con esto no sólo se motiva a los empleados sino que se identifican quiénes no están de acuerdo con el mismo.

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