El arte y la cultura

La cultura gratuita

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Ante la imposibilidad de reunir en tiempos de pandemia a la gente en salas de conciertos, casas de ópera o teatros se ha fomentado la tendencia de que muchos intérpretes estén proporcionando a sus públicos espectáculos a través de medios como internet y Facebook. Es una manera de continuar en contacto con las audiencias y por eso los aficionados han podido ver desde sus casas muchas importantes presentaciones culturales del pasado. Incluso algunos artistas han hecho conciertos para ser difundidos por los medios citados como una contribución para que la gente recuerde que la cultura existe y que ella no se debe acabar.

Sin embargo, ya ha comenzado la reacción de varios intérpretes que afirman que el modo de vida de ellos es la presentación de su arte al público y que se está acostumbrando a la gente a recibir gratuitamente algo por lo que antes tenían que pagar. Dicen que artistas de renombre que ya han hecho sus fortunas en el pasado se pueden permitir ese lujo y que todas esas sedes de espectáculos culturales tienen normalmente fuertes subvenciones, sea porque son parte de organizaciones estatales o porque hay mecenas generosos que ayudan a que se puedan mostrar al público las grandes creaciones de la humanidad. Se preguntan quienes protestan si no se está acostumbrando al público a recibir la cultura en forma gratuita, lo cual puede estar bien en estos tiempos en que las sedes culturales tienen que estar necesariamente cerradas, pero que es de mal pronóstico cuando la crisis presente se acabe y haya que convencer a los públicos a que vuelvan a teatros, salas de conciertos y casas de ópera pagando su entrada como sucedía antes. Temen entonces que al haber acostumbrado a la gente a recibir la cultura en forma gratuita, sea muy difícil convencerla de que el pagar por esos eventos es lo que permite a los artistas subsistir y que así parezca perogrullada, si no tienen medios de subsistencia, simplemente no habrá cultura.

Este es un interesante planteamiento con mucho de razonable, pero es claro que la alternativa a proporcionar los eventos de arte y cultura gratuitamente, como se está haciendo, es que esas presentaciones no existan, ya que es muy difícil idear maneras de cobrar por ellos en tal forma que haya una respuesta que valga la pena. Queda pues en el aire ese dilema de si se debe acostumbrar a la gente a que lo cultural lo puedan recibir gratuitamente o si hay que hacer desaparecer esos bienvenidos oasis culturales que se han desarrollado en los últimos tiempos.

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