Por: Cartas de los lectores

La decisión de Donald Trump sobre Jerusalén

De todas las decisiones que el presidente Donald Trump ha tomado después de asumir la presidencia de la nación norteamericana, es tal vez la más difícil y comprometedora; esto es, reconocer la ciudad de Jerusalén como la capital de Israel y en los días por venir trasladar la embajada a dicha Capital.

Obviamente el mundo se quedó expectante. Desde la creación del Estado de Israel, hace cerca de 70 años, los judíos han tenido muchas confrontaciones en las diversas guerras que han librado con sus oponentes, los países árabes.

Afortunadamente en el campo de batalla han salido victoriosos y con la mediación de las Naciones Unidas y las potencias lograron negociar con sus contrincantes, devolviendo territorios ganados en la guerra, y que estos aceptaran que ellos pudieran hacer parte del concierto de las naciones libres e independientes, como Estado.

El 14 de mayo de 1948, fecha memorable para esta nación, cuando fue proclamado el Estado de Israel por la Organización de Naciones Unidas; en Palestina se encontraban judíos procedentes de muchas naciones, hablando en la lengua de sus países de origen, mejor dicho, en Israel se podía decir que allí se hallaba una torre de babel, con la diferencia que era un solo pueblo, que había sido desplazado desde el año 70 de nuestra era por Tito el emperador romano, que provocó esta fenomenal diáspora a muchísimas naciones, destruyendo a su paso a Jerusalén, el Templo de Salomón y despojando a los judíos de sus inmensas riquezas.

 

A través de sucesivos gobiernos, Israel ha trabajado para lograr un acuerdo de paz con los países árabes y han sido fatigantes las conversaciones para culminar ese propósito, pero no se ha podido cristalizar.

Con la manifestación y la firme intención del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, por supuesto que las cosas se complican todavía más; máxime cuando en la reunión de la ONU, por mayoría abrumadora, 128 países votaron en contra de la decisión del mandatario norteamericano.

Por otra parte, no se pueden dejar de lado las peticiones de los judíos ortodoxos y ultraortodoxos, que reclaman al gobierno de Benjamín Netanyahu la recuperación de todo el territorio que constituyó la tierra prometida que un día Dios le concedió al pueblo de Israel a través de su líder Moisés, y que tenía como epicentro precisamente a Jerusalén y el Tempo de Salomón.

Luis Castellanos García. Bogotá.

 

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